• Más preguntas de mi amiga anónima

    Publicado el 25 Julio 2010 admin No hay comentarios

    Estoy siguiendo tus instrucciones lo mejor que puedo con el ánimo tranquilo y bien…Por la mañana “practico” durante ¾ o la hora entera en mi cuarto y en el sillón porque a esa hora de la mañana me siento cansada pero a veces cambio a la silla… Por la tarde ½ hora en la capilla porque se está más fresquito…y en una silla más alta.

    En esos dos tiempos repito AAAAA como me dices, en actitud de entrega y basta. Tengo la impresión que el tiempo me pasa muy despacio…o sea que no es muy fácil durar…pero sigo.

    Así es. A veces todo es sencillo y gozoso. Otras veces es tedioso y difícil. En cualquier situación siempre hoy es un día bueno. Nuestra actitud de practicantes no es juzgar ni controlar, sino tan solo estar, ser. En cada momento, en cada situación. Lo demás lo dejamos en las manos del Padre

    Pensando en la postura del zen me pregunto cómo hacían oración los místicos que no hacían zen…por ej. San Juan de la Cruz, el maestro Eckhart, y tantos otros; y sin embargo alcanzaron la iluminación ¿no? También dices en tus charlas que hay otras maneras de orar para vaciarse de sí. Entonces…hay que sentarse y permanecer inmóvil cuanto más rato mejor? ¿Es la postura del zen la más indicada o se puede variar un poco…? por ej. si me siento en el sillón creo que puedo hacer silencio sin dormirme…aunque siempre están los pensamientos que aparecen…

    Por motivos energéticos y fisiológicos las dos condiciones necesarias y suficientes son el enraizamiento en el suelo, esto es estar bien posicionado, bien sostenido por al menos tres puntos, con la conciencia abajo en nuestro hara, y la verticalidad, esto es enderezar fisiológicamente la columna, manteniendo una actitud atenta y relajada al tiempo. Cuando los contemplativos oraban lo hacían con las posturas que se conocen de oración, que incluyen estas dos condiciones.

    Los pensamientos no dejan de aparecer, como las nubes y los pájaros del cielo. Lo importante es mantener nuestro foco de atención en la palabra, en el mantra.

    Después durante el día, si ando o paseo ya no puedo concentrarme en la respiración sino en los pasos que doy y además me brota espontáneamente una melodía corta que repito mentalmente y suele ser cada vez distinta. Creo que lo importante es poner la atención en algo, sea lo que sea ¿no? Estar en el Ahora…

    Cuando camines y pasees fija tu atención en tu caminar, deja que tus sentidos perciban, estate muy atenta a los olores y las sensaciones, Esta ha de ser tu plegaria en ese momento. No dejes, no obstante, de practicar con el mantra, en el ritmo de la respiración. Será la tonadilla disciplinada que te devuelve a la atención, cuando esta se escapa.

    Si voy en autobús me sale cualquier jaculatoria o simplemente Jesús o la tonadilla porque por la calle suelo ir siempre cantando por dentro. ¿Puedo seguir así?

    Si. Lo mas importante es no perder la lucidez, la atención al momento presente. Esa tonadilla no debe servir para despistarte, para andar atontada, sino que debe dirigirte a lo que en ese momento haces, ya sea observar, sentir los ruidos, percibir las caras. Estar ahí. No estar perdida. Lo importante es estar ahí

    Resumiendo…yo creo que con Dios puedo comunicarme de cualquier manera, la que me salga de dentro, la que me guste y me llene más ¿no? Eso a parte de la oración de la mañana que hago según el zen. Me refiero a durante el día.

    Durante el día tu oración es tu actividad, tu tarea. Cada momento debe estar lleno de tu estar despierta en lo que toque hacer. No se trata de escaparte de la atención en los hechos pequeños de cada momento a través de jaculatorias o pequeñas oraciones, sino que esas pequeñas tareas, esa actividad con plena atención, sea tu oración. Hacer lo que toca con toda el alma en cada instante.

    Estoy releyendo el primer libro de Willigis que cayó en mis manos y que fue el detonante de todo el cambio en mi espiritualidad. Lo saboreo con gusto y a veces tengo que borrar algún comentario que anoté en el margen como si hablara con él porque en aquel tiempo era eso muy nuevo para mi.

    Willigis hablando de la Eucaristía dice: ¿Cómo va el Señor a estar más presente en un trozo de pan que en una persona? no sé si es él quien lo dice o cita al maestro Eckhart. Para el común de los cristianos y para mi comunidad en concreto, la presencia real es muy importante, más que la presencia de Jesús en cada ser humano. Willigis dice que ese trozo de pan no es más que el símbolo del Cristo cósmico que es toda la Creación y cuando yo me imagino a Jesús en su última cena con sus discípulos, intuyo que su intención era decir: “Como este pan que rompo, así me voy yo a romper por vosotros” y “como este vino que da vida, así voy a dar yo mi vida por vosotros”. Lo que pasa es que después la Iglesia o los cristianos han dicho: Este pan es Cristo en persona haciendo la metafísica…

    La forma como nos ha llegado la eucaristía, con el dogma de la transustanciación, es consecuencia de la sustitución de la centralidad de la ética del Reino que ocupaba el meollo del mensaje de Jesús, por la divinización de su figura redentora, convirtiendo la eucaristía en un recuerdo sacrificial.

    No siempre ha sido así. En la Didaché, o los dichos de los 12 apóstoles la norma para la eucaristía era de esta forma:

    “IX. En lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa, decid:

    «Te damos gracias, OH Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos.»

    Y después del partimiento del pan, decid:

    «¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A TI sea la gloria por los siglos de los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido por las altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades de la tierra, reúnas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.»

    Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: «No deis lo santo a los perros.»”

    Por ello considero, de acuerdo con la experiencia que nos transmiten los místicos, que el origen de la eucaristía es el ágape comunitario, el recuerdo de la comensalidad abierta de Jesús, en el que lo importante era compartir el pan y los alimentos y establecer un vinculo comunitario de amor y de servicio, y no el encontrar de forma singular el cuerpo y la sangre de Cristo. Jesús está en el pan y en el vino, de igual manera como nosotros estamos, pues todos formamos parte de la misma naturaleza. Esto, desde el punto de vista de la doctrina católica es, no obstante, herético

  • La Pascua de Yheoshua. Nacer de Nuevo

    Publicado el 11 Julio 2010 admin No hay comentarios

    Los hechos

     

    La sabana santa es la reliquia mas autentica que tenemos presumiblemente de Jesús. Ha habido y sigue habiendo una profunda polémica sobre la misma, pero es digna de mención por varios motivos:

    ·    La prueba de C14 se realizó sobre una costura de un trozo de paño añadido previsiblemente en el medievo durante su final estancia en Europa, que incluye fibras de algodón cuando el material original es solo de lino. Por otra parte son una sola prueba repetida tres veces, al proceder del mismo trozo de paño.

    ·    El tejido es de un lino extraño en la Europa medieval. La urdimbre corresponde a los paños de especial valor comunes en la Palestina del siglo I

    ·    Los estudios polínicos del tejido muestras restos de polen exclusivos de Palestina, Turquia, Constantinopla, Edesa y Europa (20 de las especies polínicas de las 42 encontradas corresponden a Edesa y no florecen en Europa)

    ·    La imagen de la Sindone no es pictórica, sino un negativo producido por oxidación del tejido sometido a una misteriosa radiación

    ·    La imagen, además de negatividad, muestra tridimensionalidad

    ·    La sangre es AB negativo, muy extraña en Europa y común en la raza judía

    ·    Las lesiones del hombre de la Sabana son consistentes con la crucifixión que describen los evangelios

    Estos datos hacen casi imposible la falsificación ( a no ser que el genio falsificador conociera en el siglo XIII la fotografía, la proyección tridimensional algorítmica, el análisis de los grupos sanguíneos, la capacidad de oxidación por radiación, no pictórica, etc.)

     El hallazgo arqueológico de Johanan ben Ha´galgol, corresponde a un hombre con los signos del tipo de crucifixión que se describen en textos históricos de entonces y en los evangelios. Como él y como Yehoshua fueron ajusticiados miles de judíos y esclavos en el siglo I

     De acuerdo con esto, Yehoshua en el momento de la muerte era un hombre de unos 40 años, de entre 172 y 183 cms de estatura, barbado y con el cabello largo. Cuando fue detenido fue sometido a flagelación, consistente en unos 120 golpes realizados con el flagellum taxilatum, que constaba de cinco cuerdas o tiras de cuero que acababan en bolas de metal, que al golpear la piel la desgarraban hasta el punto de descarnar el hueso. Se le colocó una corona de espinas que provocaron una treintena de heridas  en frente, sienes, nuca y región superior del cráneo. Fue obligado a portar el travesaño horizontal de la cruz (patibulum), lo que provocó grandes contusiones y excoriaciones en la zona escapular. Al llegar al lugar de ejecución se le clavaron primero los brazos, en la zona del carpo, con clavos de unos siete mms. de grosor de sección poligonal. Luego fue izado sobre el palo vertical de la cruz (stipes) y se le clavaron los pies con un solo clavo directamente al stipes, cabalgando el izquierdo sobre el derecho. Yehoshua quedó suspendido sobre los clavos con los brazos por encima de la cabeza. Cada vez que intentaba respirar tenia que suspenderse sobre los clavos de los pies y las manos, por lo que el proceso de asfixia se aceleraba. No se le aplico el crurifragium (la fractura de los huesos de las piernas), pero si se le atravesó en el costado con una lanza, atravesando el pulmón derecho y entrando en la cavidad cardiaca. Yehoshua estuvo suspendido en la cruz hasta su muerte durante seis horas. Su pulmón estaba enormemente expandido provocándole un asma mecánica. La agonía se desarrolló entre los esfuerzos de izarse sobre los clavos para respirar y el dolor que le hacia ceder el peso sobre los mismos. La muerte sobrevendría por paro cardiaco o por axfixia. A las tres de la tarde dió un grito fuerte : “¡Ellâhî, Elâhî!, ¿lema shebaqtanî? y expiró. Solo tuvo como testigos a sus discípulas a cierta distancia, ya que los soldados no permitían otra cosa: María Magdalena, María la de Santiago, Salome, y otras.

    Era el 14 de Nisan, víspera de la Pascua. Antes de que llegará el sábado, fue descendido apresuradamente de la cruz, envuelto en un lienzo y colocado en un sepulcro excavado en la roca, sin lavar ni ungir al cuerpo.

    Al tercer día María Magdalena encuentró la tumba vacía y tuvo ante si la presencia espiritual de su maestro, motivo por el cual hizo crecer la fe entre los discípulos huidos sobre la continuidad de la vida de Yehoshua entre nosotros.

    El fracaso de un Profeta

    Yehoshua fue el profeta del Reino, que vivió 35 años en silencio, trabajando como artesano entre los pobres de las aldeas de Galilea, y tras su conversión, vivió entre un año y tres años como profeta itinerante, sin domicilio fijo, predicando la Buena Nueva del Reino de Dios, y sanando a los que a él acudían. En la Pascua en Jerusalén realizó dos anuncios de su predicación: la aceptación de su función como Mesías del Espíritu, y la denuncia de los sacerdotes que comerciaban en el templo. Cuando los discípulos esperaban el anuncio definitivo de la instauración del Reino de Dios, fue apresado, sometido a tormento y ajusticiado.

    Su anuncio fue revolucionario y transformador, la instauración del Reino del Espíritu desde su visión de conciencia unitiva, en virtud del cual la obra divina se realizaría , los que sufren serían redimidos y el sufrimiento entre los hombres daría espacio a un tiempo de esperanza, paz y justicia. Su perspectiva era ver el desarrollo del Espíritu dentro y fuera del corazón humano. Su interior se movía por un fuego transformador que estaba presente en la radicalidad de su mensaje y en sus actos.

    Su propuesta de transformación, de origen espiritual, y resultado de la conversión abierta a todos los hombres que eran convocados por su palabra, suponía también una profunda transformación de las relaciones humanas y las condiciones sociales. Suponía el fin de la opresión, la liberación de las condiciones humanas, la equidad y la elevación de la dignidad intrínseca de hombres y mujeres considerados iguales. Suponía el reequilibrio de la vida humana.

    Todo ello le enfrentó necesariamente con los poderes dominantes. El asumió un mesianismo de servicio, no vinculado al poder sacerdotal ni al templo. Se enfrentó a este poder censurando su hipocresía y su participación en la opresión del pueblo. Se enfrentó a los poderosos y a sus costumbres. Rompió las reglas de pureza y enseñó a romperlas siempre que se enfrentaba a las necesidades humanas. Tomó opción por los marginados, los pecadores, los oprimidos y las mujeres y los niños, los sectores mas vulnerables y despreciados de la población. Su propuesta fue radical, no negociando conveniencias ni poderes. Fue realmente alternativo.

    Los poderes de la tierra reaccionaron prontamente. Herodes Antipas intentó prenderle en Galilea y encerrarlo como hizo con Juan. Yehoshua escapó a este destino alejándose de Galilea. En Jerusalén fue prendido por el Sanedrín, fue acusado de sedicioso y ejecutado como tal, dejando su mensaje en el silencio y el profundo temor producido por su muerte prematura y cruel.

    A los ojos de todos fue visto en ese momento como un profeta fracasado. Sus discípulos posteriormente, de forma misteriosa que es atribuida a la revelación de su resurrección espiritual, cambiaron la centralidad de su mensaje del Reino, por la re-escritura de su vida, creando su divinización y función redentora sacrificial, como forma de comprender lo que había sucedido, iniciando una predicación en su nombre que se distanció de su mensaje original, aunque conservó la instauración de una nueva comunidad basada en el amor. Desgraciadamente esto también desapareció cuando el nuevo credo se alió con el poder a partir del siglo IV. Actualmente tenemos que salir de nuevo  al rescate del origen, en la nueva búsqueda y comprensión de su buena nueva tal y como él la expresó.

    Si se entiende el mensaje de Yehoshua como un mensaje profético que había de cumplirse en su generación, con grandes transformaciones sociales a favor de los pobres y los oprimidos, y con una transformación de las conciencias de los hombres entendida como un salto adelante en la instauración de la conciencia unitiva espiritual, entonces hemos de admitir que fue un profeta fracasado, ya que sus discípulos no le entendieron, y posteriormente le divinizaron como un acontecimiento singular e independiente de lo que es general para la especie humana, creando por tanto nuevas luchas por el poder institucional y temporal, con las miserias y la degradación del mensaje del nazareno que conocemos a través de los siglos.  

    El mensaje de Yehoshua ha de ser entendido desde la visión que tenia en su corazón, desde la nueva forma de vida a la que había accedido. Por ello tiene un significado trans-histórico, ya que estaba presente entonces plenamente en su corazón y en el de algunos después, los místicos de todos los tiempos y todas las culturas, y está abierto para nosotros ahora. Si lo entendemos así, la interpelación de su visión es vigente y actual, es un mensaje directo a nuestra forma de ver y de sentir.

    El Camino hasta ser Nadie 

    “Apegarse es insistir en ser alguien. No apegarse es ser libre para ser nadie”

    El camino de Yehoshua hacia la cruz fue un proceso de anonadamiento hasta despojarse de toda identidad. Fue su despojamiento de toda condición humana.

    El rechazo de Yehoshua de todo aquello que significa el poder temporal, el poder del dinero y de las riquezas, los roles sociales y de poder, las estructuras instituidas por encima de los hombres, el rol tradicional y familiar, el estado de cosas impuesto por los poderosos, necesariamente significa la ruptura radical con las identificaciones. Rompió con la estructura de familia tradicional, rompió con un hogar seguro, con un lugar en el centro de la organización social, al lado de los rabies y los jefes religiosos, rompió con las normas de funcionamiento , y cultivó el comensalismo abierto, la predicación en medio del campo, en los collados y colinas. Aconsejó a sus discípulos no llevar bolsa ni túnica, a ser itinerantes y no poseer nada. Dijo “solo si os hacéis como niños, entrareis en el Reino”, esto es, si perdéis las identidades, los roles y los lugares comunes, y entonces “os maldecirán, os perseguirán y os calumniaran”.

    Así pues, él aplicó en su vida y en su muerte el proceso que predicaba. Perdió su dignidad, el papel que otros le habían asignado, el liderazgo de Mesías, perdió sus amigos y sus familiares, su propia naturaleza, y allí desnudo, ultrajado, atormentado y perdido a si mismo, clavado a un madero, también sintió la perdida de la conciencia divina que era su fuente y su orientación, y gritó de abandono y desesperación. Si alguien llego a la minima expresión, a la perdida de todo lo que podía poseer como hombre, antes de entregar su vida fue nada. Y fue esto necesario antes de abrir la puerta del Espíritu por completo. Su muerte fue la antesala para la expresión divina completa, a través de su nuevo ser espiritual. Para ello tuvo que despojarse por completo. Y este es el camino que nos marca, el camino del despojamiento.

    El proceso de Yehoshua se trazó desde la seguridad del hogar, la familia y la tradición, a vivir sin hogar y sin familia, itinerante y sin “un lugar donde reposar la cabeza”. Desde poder poseer la tierra y sus riquezas a no tener nada, ni bolsa ni tunica propia. Desde tener un rol y ser aclamado por todos a ser abandonado por todos y reducido a un cuerpo torturado y sanguinolento, desde la certeza de la conciencia divina en la que habitaba, a perder incluso esa certeza en la desesperación de la cruz. Nuestro maestro es el reflejo del drama universal, del propio drama humano, que ha de transitar en la noche, el vaciamiento y la perdida para acceder al Reino. Necesitaremos nacer de nuevo, y para ello hemos de morir. Hemos de morir a nuestras seguridades, a nuestras posesiones, a nuestros controles e identificaciones, a nuestro espacio propio, y habremos de sufrir con el mundo, hasta su transformación completa. Este es el ideal del Bodishatva. Este es el ideal del discípulo

    La manifestación divina despojada

    He repetido como el meollo del mensaje de Yehoshua, la llegada del Reino, es consecuencia de su visión desde el divino, de percibir de forma real, presente, autentica y completa su unidad con el Padre, de sentir su hogar en su corazón, de forma que su familia era la familia divina de los que son unidad con Él .

    Esta forma de percibir se convirtió en Yehoshua algo permanente, actuante en cada uno de sus actos, presente cuando miraba a las personas, actuante cuando sanaba y cuando se dirigía a la gente. Por ello su presencia y acción causaba asombro y llenaba de adhesión.

    Así pues hemos de decir que en Yehoshua de forma avanzada, igual que en otros maestros, lo divino alcanzó la expresión completa. Y de esa expresión, de esa manifestación su vida fue arquetipo. Por ello hemos de preguntarnos por qué era necesario el tormento, el fracaso histórico y la muerte. ¿Es que la noche, la oscuridad y el sufrimiento forma parte del camino de transformación hacia el Espíritu?

    La Pascua de Yehoshua indica, al ser él el ser autentico en el que lo divino se manifestó mas ampliamente, una parte consustancial de su mensaje vital. Yehoshua predicaba con su vida, con sus actos, y su muerte no es exclusión. Lo divino para expresarse debe despojar lo humano, debe realizar el transito que implica la muerte. El siervo del Espíritu debe por tanto transitar antes por el despojamiento, por la noche, por el vaciamiento de si mismo. No es esto algo que paso solo históricamente. El nivel del drama de Yehoshua se expresó de otras maneras en otros testigos del Espíritu, pero en todos fue necesaria la noche y el despojamiento.

    El camino para el “testigo del Reino” es urgente y está lleno de riesgos y de confrontación con los poderes de este mundo. Es necesario volvernos manifestación de lo que siempre ha estado allí, pero que requiere de una muerte y un renacer para que se manifieste, y esto implica negarse a uno mismo, asumir el riesgo, la noche, el sufrimiento, la cruz que nos toque, y no poner resistencias al drama que ha de ocurrir en nosotros, que será fracaso a los ojos humanos, que sea fuente de burla y de rechazo, pero que será también el camino de liberación.

    Este es un proceso que ha de ocurrir primero en el corazón humano, en el silencio de nuestra conciencia, en nuestro morir dentro de nosotros. La muerte, el sufrimiento, el anonadamiento, y el vaciamiento es un proceso primero interior y luego exterior.

    La instauración de lo divino en nuestro tiempo ha de pasar también por una muerte en el silencio, por el drama del sufrimiento de sus testigos, para permitir su manifestación. Lo viejo ha de morir para dejar espacio al nuevo tiempo, y esto es un proceso que no ocurrirá sin dolor. Por ello la pasión de Yehoshua aparece así como el arquetipo del proceso universal de transformación de la conciencia, que ha de renacer desde la renuncia a la forma antigua de conocer, desde la muerte dolorosa de nuestra forma de percibir, volviéndonos absurdos para el mundo, y viviendo contracorriente, siendo los siervos sufrientes del nuevo tiempo. No deseamos el dolor, no deseamos el drama que nos toca, pero este es necesario para que demos el salto hacia el Espíritu que nos necesario y que es necesario al mundo

    La muerte como extensión del amor en acción, y su consistencia con el mensaje del Reino

    Yehoshua tuvo conciencia de las consecuencias de su mensaje. El tomó la opción por lo pobres y los oprimidos, y su mensaje era de riesgo. Exigía de los suyos una renuncia radical, y entendió que su propuesta ponía a los poderosos enfrente. El drama que desarrolló, con el nivel de exigencia que su conciencia le exigía y desde el que exigía a los que habían de seguirle.

    Su aceptación del tormento y la muerte que tuvo no puede ser comprendida mas que como consecuencia de su actitud ante el mundo, que fue antes que todo de amor a la condición humana. Solo de la fuerza que produce el amor, de su actitud de siervo a los hombres es de donde encontró fuerza para resistir el tormento sin renunciar a su fe. Fe en la evolución humana, en el vuelo hacia el Padre, hacia el Espíritu.

    No significa esto que asumiera una conciencia de salvador de los pobres o de redentor sacrificial de los oprimidos. Solo asumió la consecuencia de habitar en el Reino, la consecuencia de vivir desde el amor, y aceptar la consistencia de su opción. En un mundo no transformado, aquellos que van un paso por delante sufren las resistencias y la violencia de los que no quieren que las cosas cambien. Y esto no puede realizarse sobre la base de una coherencia fría de llevar razón o de morir por unas ideas, sino como consecuencia de aceptar sufrir por su opción de amor y de defensa de los que sufren. Por eso es posible decir que no hay mayor amor que dar la vida por los que se ama. Pero no darla para realizar una labor de victima o de sacrificio, sino como coherencia con todo su mensaje, con su propuesta de transformación, que había de comenzar a través del dolor. Solo desde el amor en acción que fue su vida es posible comprender tanto dolor.

    La muerte de un siervo. La muerte de un esclavo. La muerte de un rebelde

    Yehoshua era consciente de que se enfrentaba a fuerzas poderosas. Su mensaje era radical y exigía una revolución de las conciencias. Su visión era alternativa y sin concesiones. Suponía necesariamente una confrontación con el poder, sin que aceptara en esa confrontación usar los medios de sus adversarios. Solo la fe completa en el Padre le hizo avanzar a pesar de que aparentemente todo fracasaba. Por ello aceptó su destino, no negociando su vida, no cediendo terreno, ni permitiendo que hubiera duda sobre su forma de ver. Actúo incluso cuando nadie comprendía su mensaje, que en el momento crucial fue una acción en la soledad mas completa, en la incomprensión mas absoluta, quedando reducido al absurdo desde la perspectiva de la práctica y de lo sensato. Incluso aunque desesperó no renunció a lo que creía.

    La muerte que sufría fue la destinada a los esclavos y a los rebeldes no ciudadanos de Roma. Yehoshua sufrió la muerte mas horrorosa, al igual que miles de otros judíos que fueron apresados en las insurrecciones de Judas Galileo, o en el arrasamiento de Seforis, o posteriormente en la destrucción de Jerusalén por las legiones de Tito. Compartió la suerte de los mas perseguidos entre los rebeldes y los esclavos. Vivió haciendo una opción definitiva por los pobres. Murió siendo el mas ultrajado entre ellos.

    La Resurrección. Nacer de nuevo en el Espíritu

    Yehoshua se manifestó a sus discípulos en su nueva existencia espiritual. Donde había gente temerosa y que no dudaba en traicionar a su maestro para salvarse, pocos días después aparecieron apóstoles valientes que manifestaban la Buena Nueva en nombre del crucificado.

    Yehoshua no volvió  a tener una vida terrena como antes de su muerte, pero si fue una manifestación espiritual que permitió restaurar la fe y la confianza entre los suyos, en primer lugar en María Magdalena, que se convirtió así en apóstol de los apóstoles.

    Con su nueva presencia espiritual, el maestro completó el circulo de su elevación a la vida divina, dando manifestación de su naturaleza divina. Todos nosotros estamos llamados a esta manifestación. Es el estadio de plenitud de la evolución. Es el culmen de la evolución de la conciencia: renacer en el Espíritu, manifestando nuestra luz. Así la resurrección general y la Segunda Venida no es otra cosa que la manifestación definitiva de la conciencia espiritual divina en el universo. Esta manifestación es a la vez personal y no personal, y ni es no personal ni es personal. Supone la instauración definitiva del Reino. El comienzo de una nueva forma de vida que dará lugar a la plenitud de los tiempos

  • PREGUNTAS Y DUDAS SOBRE EL MÁS ALLÁ

    Publicado el 2 Julio 2010 admin No hay comentarios

    Diálogo con una amiga

    Pedro San José

    Ya sé que nadie puede saber lo que nos pasa al morir. Cuando hablo de esto con alguien me dicen que lo que les interesa es esta vida. Sin embargo esta cuestión ha ocupado la mente de los humanos desde siempre…y yo me lo pregunto a menudo.
    Por eso voy a poner aquí lo que pienso después de leer a Willigis Jäger y otras personas místicas.

    La muerte tiene una gran importancia para nuestra evolución espiritual. A los monjes jóvenes en Corea, en la tradición del Song (zen coreano), se les pide que practiquen durante meses sobre la muerte. Sentir, percibir la propia muerte es una forma muy especial de valorar la vida. Todo lo relacionado con ello, y con las diferentes formas de vida hay que percibirlo no desde el razonamiento ni la filosofía, ni siquiera desde la teología, sino más bien desde la experiencia de silencio, como uno de los koans principales de la existencia

    Los místicos y sabios que han experimentado la Conciencia de unidad, o sea a Dios
    dicen que nuestro yo individual muere al dejar este mundo. Nuestro yo individual es nuestro organismo, nuestro psiquismo y todo lo que constituye nuestra historia aquí en la tierra
    .

    La mística ha comprendido en las diferentes tradiciones (Nagarjuna, Eckhart) que en el crecimiento personal hemos de llegar a “ser nadie” a fin de avanzar en la evolución de la conciencia. Llegar a ser nadie es perder nuestras identificaciones en último término con ese yo individual en sus múltiples facetas. La gran trampa del ser humano en su actual estadio de evolución del yo mental (ver Ken Wilber) es nuestro enclaustramiento identificativo como “el que piensa”, “el que siente”, etc. impidiéndonos ver mas allá. Y ¿qué es ese más allá? Pues que ese yo individual es una falacia, y que esta existencia es una manifestación, una manifestación más y al tiempo toda manifestación de lo que existe como Unidad. Nuestro yo individual no muere en el momento de la muerte, ya que ese yo como referencia separada de nuestra existencia realmente no existe, pero nuestro nivel de conciencia nos lo impide ver. Lo que realmente somos es vida divina, expresada en el aquí y ahora. En el momento de la muerte se nos caerá el velo que impide que lo veamos así. Me corrijo. No es en el momento, ya que hemos de entender la muerte como un proceso de transformación espiritual, más que una puerta que se atraviesa en un momento. Por ello en ese proceso podemos conservar, quizás durante un periodo indeterminado, nuestra identidad individual mientras la manifestación que hemos sido se depura y resuelve las tareas pendientes, antes de sumergirse “en el seno del Padre”, en el hogar que está ahí desde el principio.

    El maestro Eckhart en su sermón sobre la pobreza de espíritu habla del vaciamiento esencial, de forma que “en esta pobreza reencuentra el hombre el ser eterno que él ya había sido y que ahora es y que será para siempre”. Esto es, nuestro verdadero ser es una naturaleza divina eterna, que no encuentra división ni separación con lo que existe. Dios se expresa y manifiesta en las criaturas, en un entrelazamiento del que formamos parte

    Sabemos que al morir nos transformamos. Lo que no sabemos es “en qué” nos transformamos. Las plantas y lo animales también se transforman en tierra; nuestro cadáver se vuelve al polvo. ¿Y nuestra conciencia individual?

    La muerte es un proceso, en el que quizás durante un periodo, los que nos han querido podrían acompañarnos, hasta que “se van a la luz”. Nuestra conciencia individual nos ha sido útil para el desarrollo de nuestra evolución y nuestra forma de vivir en la tierra, pero, como he dicho, no es más que el resultado de la identificación con el aparato mental, que es el acumulo de manifestaciones, poses, caracterización de personajes, y un principio de identidad que nos dice que somos esos “yos” andantes y pensantes, independientes de los objetos que nos encontramos. Por ello nuestro proceso mental nos separa del mundo que nos rodea, en el que proyectamos nuestras interpretaciones y nuestros conceptos. Nuestro crecimiento espiritual significa dejar caer esas proyecciones, y ser capaces de “ver y experimentar directamente”.

    El universo entero está lleno del espíritu uno. El espíritu uno no es algo separado de las cosas que vemos, de los seres que tocamos. Es las cosas y los seres. Y también nosotros. Todo pues es una manifestación única, entrelazada e indivisible, en la que no hay un yo y un tu.

    También dicen los místicos y sabios que nuestra identidad verdadera no es el yo individual sino la Divinidad.

    Así es. Esto significa que Dios no es un ente separado e individual con el que relacionamos como personas independientes, sino que es el océano del que formamos parte, y del que somos olas. Somos manifestación divina. La falacia es sentirnos “olas” flotando independientes en el vacío, y no como parte del océano. Dios es personal y es no personal. Incluso podríamos decir que no es ni personal ni no personal. Pero lo que es claro es que si el fondo o medio divino da lugar a la manifestación que somos , y a la de los seres que queremos, y como manifestación también se expresa en la manifestación y comunión que sentimos con ellos, es evidente que la expresión de comunión que sentiremos cuando se nos caigan los velos será más profunda, más tierna, más completa todavía. Esa percepción egoísta y miedosa que a veces nos imaginamos, como que tras la muerte vamos a caer en un vacio amorfo en el que no sentiremos y tendremos capacidad de saludar, abrazar y sentir a nuestros amores, es una estupidez propia de nuestra forma de ver aislada y egoísta

    Willigis J. dice que Dios se manifiesta en todas las criaturas, se encarna en todo, en nosotros los humanos y que Dios baila el baile de la Evolución. Todo cambia.

    Si, es cierto. Todo cambia. Todo lo que aparece desaparece. Nosotros, nuestros momentos, lo que existe, todo nace y muere en cada instante. El proceso de crecimiento espiritual es aceptar y vivir esto, y por tanto incorporarnos al flujo del cambio, en lugar de resistirnos a el, apegarnos a nuestras falsas seguridades y vivir nuestras neurosis desde un ego que imaginamos permanente e independiente. La iluminación es vivir como una manifestación, fruto de una encrucijada de miríada de causas y efectos en la que somos, en la cada instante nosotros también influimos de nuevo. Es bueno imaginarnos como un cielo estrellado en el que se cruzan las luces y los meteoritos, los cometas y las briznas de polvo cósmico, cuya fotografía esta en profundo cambio y solo vale para este instante. Dios no es un Dios fuera, es un Dios dentro, y si lo es se manifiesta en todo lo que existe. Lo que existe no es nada sin Dios, y Dios no es nada sin lo que existe. Esta convicción, cuando se vuelve experiencia da vértigo, pues es experiencia de comunión, y transforma profundamente la vida.
    Mis padres ya murieron así como dos hermanos míos. Ya no son mis padres ni mis hermanos puesto que Jesús dijo que seremos como ángeles. De acuerdo.

    Tus padres y tus hermanos, son como tú y como yo, expresiones de lo uno. Quizás se conservan como otras manifestaciones, pues así se marca en el designio de lo que existe. También yo durante tiempo aspiraba a reencontrarme con mi padre muerto como ser individual, separado e independiente, que me esperaba en la otra vida. Hoy, y esto es solo una convicción íntima personal, siento que me reencontraré con él en un nivel de existencia diferente, donde yo habré perdido mi yo, y el su yo, y por tanto seremos tanto él como yo la manifestación divina en comunión, sin límites ni fronteras entre las existencias. Esto es mucho mejor, si se puede comparar, que esa manifestación, por muy querida que sea, del reencuentro de espíritus solitarios, perdidos en medio de las nubes o como sea que imaginamos el paraíso de almas individuales.

    Pero al entrar en Dios, como Dios sigue “bailando” su creación puede que mis padres
    se conviertan en una nueva “expresión” de Dios. Entonces…cuando yo muera no volveré a encontrar a los míos que tanto quiero…Eso estoy pensando. Porque al morir desaparece también la conciencia individual y nuestras relaciones de este mundo.

    Efectivamente. Nada queda fijo. De igual manera que incluso ahora tu y yo tenemos como tarea no apegarnos a nuestro yo, y llegar realmente a ser “nadie”, en el futuro iremos cambiando y creciendo, pero si crecemos, creceremos en comunión. No podemos hacer una capillita, cerrada y exclusiva en la que vivir eternamente felices con nuestra familia, pues nuestra familia son todos los seres vivientes, y nosotros no tenemos nada que sea nuestro.

    Tenemos querida amiga, muy gravada en nuestro subconsciente, en nuestra forma de ser y de percibir, esa cultura egoísta e individualista occidental, que ha sido alimentada erróneamente por las iglesias, que se sostienen en dogmas cerrados, y que temen perder razón de existir si admiten este flujo de perdida. Por ello asistimos al mito del paraíso perdido que habremos de recuperar desde nuestro ser individual, que imaginamos eterno como ser individual, y que gana o pierde como si de un partido de futbol se tratara, recibiendo premio o castigo por toda la eternidad. Esto es el fruto de nuestra mente neurótica, y no la experiencia de los maestros, empezando por nuestro maestro Jesús

    Pero contra esta suposición se dan casos y experiencias raras, empezando por apariciones de la Virgen que se dan a cada dos por tres en nuestro planeta y también se aparecen los santos y Jesús…

    La presencia de lo divino se manifiesta adecuándose a nuestra cultura, a nuestra forma de comprender y de ser. Si lo divino pudo alcanzar la expresión de conciencia y de realidad que se dio en el señor Jesús o en la Señora María, ¿Por qué hemos de creer que no puede volver a expresarse de igual manera? A los santos budistas lo divino se manifiesta como lo divino femenino y nutriente a través de Shakti. A nosotros puede manifestársenos en la mediación de nuestros espíritus familiares. Pocas veces la manifestación divina es sin forma, pura, y cuando así lo es, provoca un profundo efecto, una señal perdurable en nuestro espíritu, solo en condiciones de recibirla cuando nuestra conciencia este suficientemente evolucionada

    Habremos de decir de paso que no tenemos ni los católicos, ni los cristianos, ni los espirituales, la exclusividad de la manifestación del mundo superior. Existen múltiples caminos para subir el monte Carmelo, existen múltiples mundos y formas de vida, múltiples galaxias y universos, donde la evolución y lo divino se manifiesta. Hagamos un profundo gesto de humildad de no pretender comprenderlo todo, cuando somos tan solo un estadio limitado y todavía insuficiente de la manifestación total. Habremos de ver también en nuestro próximo futuro, si somos o no un experimento fallido del universo

    Creemos que Jesús “resucitó de entre los muertos” y está exaltado por Dios. Cristo dicen los expertos es Todo el cosmos. Pues si nosotros morimos en Cristo también seremos el ¿¿¿Cosmos…??? o sea Dios. Nuestra conciencia individual se habrá transformado en la Conciencia total o sea en Dios…

    Si. El profeta de Galilea alcanzo una conciencia unitiva, una visión de comunión con lo divino. Desde allí nos ofreció su mensaje: el Reino esta ya aquí, dentro de vosotros y fuera de vosotros. Nos invitó a unirnos a su forma de vivir y de ver las cosas, desde el amor y la comunión universal. Yo no creo, como muchos otros, que Jesús sea el separado de doble naturaleza, el hijo unigénito de Dios, segunda persona de la trinidad , que vino al mundo desde su propia naturaleza separada, para salvarnos a nosotros, arrinconados en este planeta oscuro, siendo incapaces de redimirnos a nosotros mismos. Si creo que Jesús es, ha sido y será naturaleza divina, pero igual que lo somos nosotros. El hizo el recorrido, como lo hizo el Buda, y nos invita a hacerlo a nosotros. Es el profeta que nos anuncia la esperanza, que está en nuestras manos, en nuestras opciones. El desarrollo de nuestra conciencia ha de expandirse espiritualmente hasta el nivel causal, en el que la expresión de la realidad es completa

    Aunque dicen también los místicos que somos no-dos sino UNO pero que entre Dios y nosotros hay diferencia. ¿Es así?

    No olvides, amiga, que los místicos no hacen filosofía, sino que hablan desde la experiencia, desde la vivencia y expresión real. Por ello las expresiones verbales son limitadas. Uno, no-dos, ni uno ni dos, son formas de hablar sobre la realidad que viven. Tampoco hemos de olvidar que para entender a Jesús hay que aceptar que habla “desde ahí”.  Efectivamente Dios no existe sin nosotros, nosotros no existimos sin Diós, y lo divino y nosotros somos uno. Más allá de esta expresión es respirar en el silencio, contemplar desde la Nube del No-saber, y desde allí, como diría Juan de la Cruz, “grandes cosas entendí … toda sciencia trascendiendo”. Entre nosotros y Dios existe la diferencia de entre el océano inmenso y una humilde ola. ¿De que esta hecho el océano? ¿de qué está hecha la ola?… Agua por todas partes

    Otra pregunta que me hago es qué ha pasado con los miles de millones de humanos que han muerto empezando por los “australopitecos” y hombres-monos todavía en fase de evolución hacia el homo sapiens.

    Son el flujo continuo de la conciencia que pugna por hacerse espiritual, pasando de la fase arcaica a la mágica, de la mágica a la mítica, de la mítica a la egóica mental racional, en sus fases preoperacionales, operacionales y mental propiamente dichas. Este proceso no es solo el proceso de lo que había de ser la especie humana, sino el proceso continuo de evolución del conjunto del universo. Todo será recogido, como indicaba ya Teilhard en el medio divino, que apunta en evolución creciente hacia su culminación.

    Dios es Vida que se manifiesta en distintos niveles de vida: material, vegetal, animal y humana. Un animal inteligente al morir ¿vuelve a la nada?

    Creo que he contestado ya, como he sabido, a esta pregunta

    Creo que me estoy volviendo agnóstica porque los agnósticos ni creen ni son ateos, son agnósticos, no saben. Entonces yo tampoco sé, luego soy agnóstica porque todos los dogmas que he aprendido se me han derrumbado casi todos por no decir todos.
    Pienso también que puede que la reencarnación sea una realidad y que hayamos tenido otras vidas que de esto también hay testimonios.

    Decía Eckhart que llegado un momento de nuestra evolución espiritual, también deberemos abandonar toda imagen y concepto que nos hayamos hecho de Dios, pues realmente se interpondrá como barrera en nuestro crecimiento. El anónimo de la nube del no-saber nos estimula a entrar en la Nube del Olvido. Juan de la Cruz nos indica que en nuestra subida no debemos buscar Nada, tener Nada o esperar Nada. Por tanto si ahora estas en ese No-saber, te digo que quizás estas en un momento interesante, en el que te estimulo a hacer silencio, y a escuchar el silencio, y como dice el autor, lanzar dardos de amor a esa nube del olvido. Nirvana o paraíso, Reino de Dios, no están lejos. La fe es la fe en la palabra del maestro: está aquí, está en todas partes. Lo que pasa es que no lo sabemos ver

    La gran incógnita: ¿desaparecemos para siempre? el yo individual sí, pero si nos transformamos ¿en qué nos transformamos? ¿en Dios?….

    Creo de nuevo que en la forma que he podido te he comentado también esta pregunta

    Ya sé que nadie lo puede saber pero los místicos y sabios iluminados de todas las religiones han experimentado algo y nos lo pueden decir de alguna manera.

    Todos nosotros hemos experimentado alguna vez, aunque solo sea por un instante ese momento en el que quedamos “embobados” por una música, una imagen, un instante de experiencia, una mirada. En ese momento el yo se cae, o lo que es lo mismo rompemos la identificación con el mismo. Como decía Dogen: “Nuestro camino es la búsqueda del yo mismo, en la búsqueda del yo mismo llegamos al olvido del yo mismo. En el olvido del yo mismo, llegamos a ser uno con todas las cosas.

    Amiga, Los místicos se callan. Si son auténticos apenas balbucean su experiencia, y cuando lo hacen lo anuncian con metáforas, parábolas o koans. El motivo es que al poner en palabras la experiencia, interpretamos y reducimos, hacemos mental lo que no lo es, y corremos el peligro de deformarlo. Es excelente la opción de los místicos (Juan de la Cruz, Rumi, Ibn Arabi) al poner la experiencia en forma de poema amoroso. Pues la experiencia es comunión, la experiencia es amor

    Lo que dice Willigis es que hemos de estar totalmente desasidos y desprendidos de todo y de nuestro yo para poder unirnos con Dios. O sea que desapareceremos.

    Claro, mientras nos agarremos a nuestras identificaciones y falsas seguridades, seremos esclavos de nuestra fase mental. Por eso “hemos de ir de vuelo”, como dice Juan de la Cruz. Llegar a ser nadie como dice Nagarjuna. Como pienso que no has leído sobre él, te dejo aquí un poema:

    Me inclino ante los Despiertos
    que enseñan la contingencia
    (ni muerte, ni nacimiento,
    ni nada, ni eternidad,
    ni llegada, ni partida,
    ni identidad, ni diferencia)
    y liberan del deseo de ser alguien

    Un fuerte abrazo, Pedro