Producción propia  

Zen, camino sin camino

Publicado el 25 junio 2017 Sin comentarios aún ...

Zen –  Venir a ser nadie en la Cotidianidad

El Zen es un mensaje mas allá de toda doctrina oral o escrita, que apunta directamente al corazón y lleva al despertar

“El Zen es un mensaje” no quiere decir que es una transmisión de un esquema de creencias, o de una nueva metafísica, de respuestas a las preguntas últimas, o ni tan siquiera la transmisión de enseñanza arcana de los maestros. Hace realmente referencia a la transmisión de la experiencia del despertar de los maestros, la experiencia de transformación de la conciencia. Es la transmisión del dharma, experiencia viva, evolución esencial del devenir humano.

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Uppekha – Vivir sin Huellas

Publicado el 31 mayo 2017 Sin comentarios aún ...

“El practicante observa su mente concentrada con ecuanimidad. Cuando observa su mente concentrada con ecuanimidad, la ecuanimidad como factor del despertar aparece. Desarrollándola, la lleva a su plenitud”

Sutra Anapanasati

¿No ves a este hombre sereno caminando,
que está más allá del saber y no persigue nada?
No evita pensar vanamente ni busca la verdad.
El buen discípulo sigue firmemente decidido.
Los otros saben mucho y dudan mucho.
Aparta ya los velos sucios de que te agarras.
¿Por qué estás orgulloso de tus buenas obras?
Andar es zen, estar sentado es zen,
hablar o callar, movimiento o reposo.
El cuerpo siempre está en paz.
                                                                                                                                Shodoka

Observar la mente concentrada en ecuanimidad” pasa por una maduración de la conciencia en el ejercicio del samadhi, tanto en la meditación sentada, zazen, como en la cotidianidad del practicante.

Ecuanimidad es mantenerse en calma, en serenidad ante los acontecimientos de la vida. No es indiferencia, no es apartarse de los conflictos o rehuir el mundo y su acontecer, sino mantenerse en armonía mental mientras se produce el compromiso radical con los acontecimientos. Es la libertad inconmovible de la mente no apegada. Es el mantenimiento del equilibrio interior, no siendo afectado por éxitos o fracasos, ganancia o perdida, honor o deshonor, alabanza o crítica, placer o dolor. Es el estado de desapego que permite interesarse por la realidad sin acepciones, sin prejuicios. En este sentido, coincide con el cultivo de la cualidad humana, siguiendo a Maria Corbí:

Hay que interesarse por la realidad hasta tal punto que la vida se convierta en una indagación, una búsqueda directa, sin doblez, sin otro interés que la realidad misma. El interés y el amor incondicional son dos caras de un mismo hecho. Solo eso es lo que proponen las tradiciones religiosas. Solo eso es espiritualidad…quizás en otras épocas la religión pudo apuntar a esa absoluta sencillez y desnudez, pero se vistió de ropaje de creencias, de poder, de sacralidad, de exclusivismo.

En nuestra época la sencilla desnudez debe mostrarse como es, humilde y vacía, porque es silenciosa y amante. Ahí está su verdad, su ofrecimiento, su legitimidad y su gran don. Solo la humildad silenciosa y vacía puede ser amante y, así, conocer  

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Samadhi – Camino hacia la Unidad

Publicado el 25 abril 2017 Sin comentarios aún ...

“En aquel que se mantiene sereno, con su cuerpo en calma, la mente se focaliza y concentra. Cuando la mente del practicante viene a estar serena, y su cuerpo en calma, se vuelve focalizada y concentrada, y entonces la concentración como factor del despertar aparece. La desarrolla y llega a la culminación de su desarrollo en él”

Sutra Anapanasati

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. (Juan 4,23)

“Samadhi es el estado que se alcanza cuando la mente se concentra en la comprensión del ser” (Nirukti – Diccionario Védico). Es el proceso de concentración silenciosa, de absorción de la mente y el cuerpo en calma.  Cuando se practica la atención gozosa, que implica el abrazo a todas las circunstancias de la vida, desde el “Hagase” que resuena en el trasfondo de la conciencia, mientras el cuerpo y la mente se mantiene serena, y la vida se focaliza en lo que toca en cada momento, sin juzgar, ni elegir, ni rechazar.

Samadhi es el proceso de unificación que implica la apertura de la conciencia. Cuando se abandona el proceso discursivo y discriminatorio, y el practicante se concentra en plena absorción silenciosa, abrazando la vida con toda su significación, mostrada desde la sabiduría de comprensión integral. Cuando se rompe la dicotomía entre el cuerpo y el espíritu, la mente y lo conocido, la criatura y el creador. Cuando se produce el acto perfecto de adoración /aceptación, en el que el ser se inclina a si mismo, pues ha dejado de ser lo que es (despojamiento) para venir a ser lo que era cuando todavía no era. Este acto de adoración/aceptación se produce en espíritu y en verdad, en el cuerpo y en la mente unificada, en el momento presente, abandonando toda la historia en la nube del olvido, y aceptando vivir en oscuridad sin condiciones.

Samadhi es la disciplina para el proceso de avance en la practica de Dhyana.  La escuela de Dhyana, procedente de la India en el budismo primitivo, es como inicialmente se llamo a la escuela del sexto Patriarca en China, que en la fonética china vino a ser “Chana” o “Chan” y que posteriormente la fonética japonesa lo cambiaria por “Zen”. Las etapas de Dhyana son:

  • Aceptar hacer oscuridad a la mente discriminativa, al proceso de elegir o rechazar, lo que mas tarde en Occidente otro místico llamaría “entrar en la Nube del No Saber”
  • Abandonar la fijación en las sensaciones, emociones, percepciones y estados mentales
  • Mantener una atención viva, unificada, en el momento presente
  • El cuerpo y la mente están en paz, desde la vida lucida y gozosa
  • Se vive en absorción focalizada desde el desapego no egocentrado

Así Samadhi o Zanmai, como se conoce en la tradición del Zen (“Zanmai”  es la expresión fonética japonesa del sanscrito “samadhi” o “”samayan”), es el proceso de absorción completa y profunda recolección, cuando se abandona el discurrir discriminativo y la mente está en calma, proceso frecuente en la práctica del zazen, en el que se distingue un primer nivel, en el que todavía existe dinámica mental, percibida como “distracciones”, y un nivel mas profundo en el que el flujo egoíco tiende a desaparecer. Carla Albrecht lo define como un proceso en el que uno se “desapega” del mundo exterior, para vaciar la conciencia y finalmente realizar una unificación de la conciencia. No es que se deje de oír, ver, o sentir, sino que no se produce distracción por los acontecimientos exteriores y el espíritu (la mente, la persona) se mantiene unificada, focalizada, en profunda paz, sin que aparezca el ejercicio egoíco del juicio, del querer o desear, de significar o representar.  Por ello no se es consciente de este estado o proceso, pues en el momento de que la conciencia dice “esto es Zanmai” el proceso se interrumpe.  Zanmai aparece también cuando con el espíritu en calma, uno se incorpora por completo en la actividad que toca, incluso aunque esta sea sencilla (lavar platos, barrer el suelo) y entonces, sin juicio ni análisis, uno es “ese momento, esa labor”

Zanmai dentro de la práctica del zazen es samadhi focalizado en nada. Esto es lo mismo que no fijar la atención en objeto alguno, dejar que el flujo de pensamientos, emociones y sensaciones pasen tal como llegan. Son este momento y luego no son. No quedarse agarrado a nada y al tiempo ser uno focalizado en este momento. Entonces este momento es un momento único, vivido de forma completa, en el que se combina la atención, la sabiduría, el gozo y la paz.

Al abandonar la atención por el flujo frontal de lo que ocurre en nuestra conciencia (nuestro flujo racional, discriminativo y juzgador, y adquirir importancia el trasfondo del ser, el aspecto esencial, si quiere llamarse “divino” de la existencia adquiere lugar preeminente, y así la “unificación en espíritu y en verdad” se produce. Desde el anonadamiento de quien creemos ser en nuestra conciencia egoíca, se produce el “ensalzamiento de quien realmente somos” en nuestra esencia. Por eso samadhi, zanmai, no es un acto o proceso de enajenación, sino un acto o proceso de inclusión.

Por lo tanto esta forma de vivir es de visión atenta y gozosa, integrada en la existencia, donde se trasciende mas y mas la conciencia individual y la persona se recoge, unificada, “en adoración”, diríamos “inclinada ante si misma” en recolección profunda, viviendo cada instante, siendo cada instante. Podremos recitar

  • Adoración completa, recogimiento inmenso
  • mientras el canto de tu danzar[1] recorre el espacio
  • en silencio atronador

El Buda cita este elemento como factor del Octuple Camino que lleva a la liberación, en cuyos factores se incluyen los diferentes aspectos de vivir, indicando que el recogimiento vital, la absorción meditativa, la concentración focalizada, forma parte del proceso del despertar.

No es un alejamiento de la vida, sino un acercamiento y centramiento, impidiendo que lo que nos aleja, nuestra mente egoíco-defensiva, nuestro juicio de separación nos lo impida. Es vivir orientado hacia la acción creativa desde la calma, la armonía del espíritu. Lo hacemos respondiendo a lo que diría el salmista:

Desde la aurora hasta el ocaso mi carne tiene ansia de ti, y mi «nefesh» (espíritu, alma) tiene sed de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua (salmo 63), y solo tu agua viva habrá de calmarla. No descansaré hasta que la unión se complete y el espíritu se manifieste, de forma que «mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene…» (v.9).

Esta unión, o unificación es lo mismo que “despojar lo que se es para venir a ser quien se era cuando todavía no se era” (M. Eckhart). El proceso es la oración silenciosa, sin palabras y sin objeto (sin decir muchas palabras) de jesus que aquí se iguala a la contemplación de los místicos, y el proceso de Zanmai del Zen.


[1] La esencia del ser evolucionando, la gran evolución desde el vacío a la forma y de la forma al vacío

 

 

             

Samadhi

Publicado el 29 marzo 2017 Sin comentarios aún ...


             

Passadhi

Publicado el 8 marzo 2017 Sin comentarios aún ...

“Para quien vive con alegría de corazón, el cuerpo crece en serenidad, y la mente crece en serenidad. Cuando el cuerpo y la mente de un monje que vive en alegría de corazón crece en clama, entonces la serenidad como un factor del despertar aparece. Desarrollando esta, la lleva a su plenitud”

Sutra Anapanasati

"Aquí, estando el factor de iluminación de tranquilidad en él, un Bhikkhu entiende: 'Está el factor de iluminación de tranquilidad en mí'; o no estando el factor de iluminación de tranquilidad en él, entiende: 'No hay factor de iluminación de tranquilidad en mí'; y también entiende cómo llega a surgir el factor de iluminación de tranquilidad no surgido aún; y cómo el factor de iluminación de tranquilidad que surge lleva a su plenitud mediante su desarrollo." 

Sutra Satipatana

Passaddhi es el estado de calma que se adquiere cuando una práctica consistente de atención sabía permite una vida lucida y vibrante, lo que lleva al practicante a la alegría gozosa de saberse uno con todo, lo que le hace morar en paz. Cuando Jesús decía: “mi Paz os dejo, mi Paz os doy” se refería a este proceso que el vivía. Es la calma, la serenidad del que hace todo como si no hiciera nada, que vive en la certidumbre del momento presente, que se siente en casa, que no persigue nada, ni busca conseguir nada, pero que todo le es propio. Forma parte de la evolución global y danza en calma con ella. Esta serenidad es la que se expresa en el dicho:

“estoy sentado a la puerta de mi cabaña… y todo está bien”

Desde la serenidad podemos retroalimentar la atención. Esta calma se mantiene como “mar de fondo” incluso en medio de la adversidad. Nos permite mirar las cosas tal como son con mayor intensidad, ya que la calma, la tranquilidad de corazón, la serenidad , implica el no apego, implica la libertad en el vivir, implica la liberación del cuerpo y de la mente. Por ello el proceso de desarrollo de la serenidad en nosotros, de acuerdo al Sutra Anapanasati, es el proceso de desarrollo del conjunto del proceso: mayor atención y lucidez, mayor sabiduría resultado del esfuerzo de investigación, vida activa llena de energía y de alegría del corazón, que lleva a sentirnos mas y mas en casa, en lo toca en este momento, dejando estar todas las cosas.

Passaddhi es un proceso dinámico, no estático. He indicado que su desarrollo, de acuerdo al Buda, se realiza a través de la práctica de la atención sabia, lo que incluye el factor de a INVESTIGACIÓN,  del examen y análisis de lo que ocurre. Este factor incluye la duda, el cuestionamiento, la crítica, la recalificación. Y esto pone en movimiento todo nuestro proceso vital, por lo que Passaddhi es el resultado de un proceso vibrante de cambio dentro y fuera de nosotros, como si estuviéramos en el “ojo del huracán” en el que todo está en calma, mientras alrededor todo se mueve, y en realidad el ojo también se mueve.

Cuando experimentamos la calma que aparece después del éxtasis, la primera sensación o convicción es de que por fin hemos llegado, que no necesitamos ir detrás de nada mas, que nuestro camino por fin ha acabado, y que podemos perdernos en nuestro mar de serenidad, en nuestro lago interior. Si seguimos este impulso podemos convertir este factor en una droga del espíritu, perdiéndonos en un falso nirvana, pues la calma ha de llevarnos a vibrar en la acción en el momento presente, aun manteniendo la paz dentro de nosotros. Por ello el Buda utiliza los mismos términos de atención con este factor, examinando si está presente o no y porque si o porque no.

La calma se expresa en el cuerpo y la mente. El proceso de examen sobre la misma ha de recorrer también las cuatro fundaciones de la atención, el cuerpo y sus formaciones, las emociones, sensaciones y percepciones, la conciencia, y las formaciones mentales, los pensamientos. Por ello es un proceso de atención que nos permite ver, por ejemplo, si nuestro flujo mental se realiza en serenidad, si nuestro cuerpo está tranquilo, y nuestros procesos emocionales se expresan desde la paz de espíritu.

En la meditación este estado aparece en el proceso del silencio. Puede durar un momento o establecerse como nuestro estado natural en el silencio. Disfrutamos de un “todo está bien, aquí y ahora”, al tiempo que nuestra atención esta fija en este momento mientras repetimos la pregunta que nos permite suspender nuestra atención. El rapto de gozo que experimentamos no es ya un estado de pasión, de desbordamiento espiritual sino que es un gozo en paz. Esta paz transforma nuestro cuerpo y nuestro espíritu mientras nos lleve a mantenernos despiertos y vivos. Por ello hemos de insistir en no adormecernos en la paz, sino mantener en ella vigilantes, “sin coger las flores…”, esto es sin abandonar el ejercicio.  El que practica así dirá:

  • Andar es zen, estar sentado es zen
  • Hablar o callar, movimiento o reposo.
  • El cuerpo siempre está en paz.

Esta práctica es el entrenamiento para la vida. Por tanto se trata de vivir en medio del dolor propio y ajeno, en medio de las vicisitudes y la adversidad, el conflicto fruto del odio entre la gente, de las envidias y los deseos de posesión, mientras nuestro espíritu mora en paz, no poseemos nada ni buscamos nada, y somos seres amantes que podemos ofrecer la paz esencial que el mundo necesita. Somos el que camina la senda de la paz, como indica el Shôdôka (Canto del camino de iluminación):

  • “¿No ves a ese hombre sereno caminando,
  • que esta mas allá del saber y no persigue nada?
  • No evita pensar vanamente ni busca la verdad…
  • He entrado en lo espeso del monte, lleno de belleza y silencio.
  • En un valle recogido, entre altos peñascos
  • tranquilamente estoy sentado bajo el viejo pino.
  • Lleno de paz estoy sentado en mi cabaña y me encuentro bien”

Estas expresiones son importantes: la persona mantiene la paz mientras camina. No deja de caminar, no se tumba, no deja de hacer lo que toca, pero mantiene la paz. No lucha por imponer una verdad, ni evita ser tomado pro ignorante. No entra en el juego mental de los hombres. Simplemente sigue caminando. Se aleja por caminos menos transitados, sube cumbres y baja a los valles, recorre la penumbra y la oscuridad mientras la luz brilla en su interior. Actúa continuamente mientras permanece sentado en su cabaña espiritual.

¿Cómo es posible permanecer en calma en medio del conflicto, en medio del dolor y el sufrimiento, en medio de la adversidad? Esto es una gran paradoja, pues la persona iluminada se vuelve más amante, mas despierta, más atenta, pero ha de estar también mas en paz. Al ver más y amar más, los dolores del mundo, los conflictos del mundo son sus dolores, pero esta liberado. Ha recorrido el camino de superar sus apegos y dependencias, y puede vivir el momento con pasión al tiempo que la serenidad interior esta actuante y presente. Es la práctica de indiferencia apasionada de la que hablaba Juan de la Cruz. Este es el gran reto del avance de la conciencia, y el signo de autenticidad, pues una transformación que no lleva a la paz, no es verdadera transformación.

Igualmente Passaddhi ha de llevar a la integridad, la sinceridad, la honestidad. El proceso de liberación supone la superación de los miedos, la indiferencia ante el que dirán, y mirar de frente la realidad. Por ello, el hombre y la mujer con paz interior se vuelve sencillo y limpio de corazón, honesto por dentro y por fuera, y devoto de la verdad que mira de frente. En medio del desgarro del mundo, de guerras y miserias, de rupturas personales y colectivas, es difícil mantener la serenidad y el espíritu de paz, sino no está profundamente enraizado en el corazón de la persona, que así se convierte en mensajero de la paz. Por ello este factor del despertar ha de ser cultivado y desarrollado. La forma de cultivarlo y desarrollarlo es haciendo crecer una profunda sabiduría vital que mira de frente, que permanece atenta y que ama. El practicante observa su clama. Reconoce su calma, y se da cuenta de que la mente está libre de deseos y quereres,. Y esto lo hace mientras se compromete profundamente con la acción del momento, con lo que observa en el momento.

Este es el estado natural de la conciencia avanzada. El estado natural del ser humano. Para ser uno mismo hemos pues de cultivar este factor de calma, de paz. El estado de calma se desarrolla contemplando la inpermanencia de las cosas, el continuo proceso de cambio de todo, y comprendiéndolo con sabiduría. Todo pasa deprisa, todo es transitorio e inpermanente. En este proceso continuo de cambio, la serenidad debe brillar. Es una imagen poderosa contemplar el drama del centro de la galaxia, con el cataclismo de mundos desapareciendo en el agujero negro del centro, mientras el espacio se llena de música que todo lo envuelve. Asi es nuestro espíritu. Así es el Universo.

El desarrollo de Passaddhi (la serenidad, la paz de espíritu) como factor del despertar lleva a que la concentración, la capacidad de ser creativos de forma focalizada (samādhi) aparezca, y esto hace que nos orientemos definitivamente a nuestra liberación.