• La Pascua de Yheoshua. Nacer de Nuevo

    Publicado el 11 Julio 2010 admin No hay comentarios

    Los hechos

     

    La sabana santa es la reliquia mas autentica que tenemos presumiblemente de Jesús. Ha habido y sigue habiendo una profunda polémica sobre la misma, pero es digna de mención por varios motivos:

    ·    La prueba de C14 se realizó sobre una costura de un trozo de paño añadido previsiblemente en el medievo durante su final estancia en Europa, que incluye fibras de algodón cuando el material original es solo de lino. Por otra parte son una sola prueba repetida tres veces, al proceder del mismo trozo de paño.

    ·    El tejido es de un lino extraño en la Europa medieval. La urdimbre corresponde a los paños de especial valor comunes en la Palestina del siglo I

    ·    Los estudios polínicos del tejido muestras restos de polen exclusivos de Palestina, Turquia, Constantinopla, Edesa y Europa (20 de las especies polínicas de las 42 encontradas corresponden a Edesa y no florecen en Europa)

    ·    La imagen de la Sindone no es pictórica, sino un negativo producido por oxidación del tejido sometido a una misteriosa radiación

    ·    La imagen, además de negatividad, muestra tridimensionalidad

    ·    La sangre es AB negativo, muy extraña en Europa y común en la raza judía

    ·    Las lesiones del hombre de la Sabana son consistentes con la crucifixión que describen los evangelios

    Estos datos hacen casi imposible la falsificación ( a no ser que el genio falsificador conociera en el siglo XIII la fotografía, la proyección tridimensional algorítmica, el análisis de los grupos sanguíneos, la capacidad de oxidación por radiación, no pictórica, etc.)

     El hallazgo arqueológico de Johanan ben Ha´galgol, corresponde a un hombre con los signos del tipo de crucifixión que se describen en textos históricos de entonces y en los evangelios. Como él y como Yehoshua fueron ajusticiados miles de judíos y esclavos en el siglo I

     De acuerdo con esto, Yehoshua en el momento de la muerte era un hombre de unos 40 años, de entre 172 y 183 cms de estatura, barbado y con el cabello largo. Cuando fue detenido fue sometido a flagelación, consistente en unos 120 golpes realizados con el flagellum taxilatum, que constaba de cinco cuerdas o tiras de cuero que acababan en bolas de metal, que al golpear la piel la desgarraban hasta el punto de descarnar el hueso. Se le colocó una corona de espinas que provocaron una treintena de heridas  en frente, sienes, nuca y región superior del cráneo. Fue obligado a portar el travesaño horizontal de la cruz (patibulum), lo que provocó grandes contusiones y excoriaciones en la zona escapular. Al llegar al lugar de ejecución se le clavaron primero los brazos, en la zona del carpo, con clavos de unos siete mms. de grosor de sección poligonal. Luego fue izado sobre el palo vertical de la cruz (stipes) y se le clavaron los pies con un solo clavo directamente al stipes, cabalgando el izquierdo sobre el derecho. Yehoshua quedó suspendido sobre los clavos con los brazos por encima de la cabeza. Cada vez que intentaba respirar tenia que suspenderse sobre los clavos de los pies y las manos, por lo que el proceso de asfixia se aceleraba. No se le aplico el crurifragium (la fractura de los huesos de las piernas), pero si se le atravesó en el costado con una lanza, atravesando el pulmón derecho y entrando en la cavidad cardiaca. Yehoshua estuvo suspendido en la cruz hasta su muerte durante seis horas. Su pulmón estaba enormemente expandido provocándole un asma mecánica. La agonía se desarrolló entre los esfuerzos de izarse sobre los clavos para respirar y el dolor que le hacia ceder el peso sobre los mismos. La muerte sobrevendría por paro cardiaco o por axfixia. A las tres de la tarde dió un grito fuerte : “¡Ellâhî, Elâhî!, ¿lema shebaqtanî? y expiró. Solo tuvo como testigos a sus discípulas a cierta distancia, ya que los soldados no permitían otra cosa: María Magdalena, María la de Santiago, Salome, y otras.

    Era el 14 de Nisan, víspera de la Pascua. Antes de que llegará el sábado, fue descendido apresuradamente de la cruz, envuelto en un lienzo y colocado en un sepulcro excavado en la roca, sin lavar ni ungir al cuerpo.

    Al tercer día María Magdalena encuentró la tumba vacía y tuvo ante si la presencia espiritual de su maestro, motivo por el cual hizo crecer la fe entre los discípulos huidos sobre la continuidad de la vida de Yehoshua entre nosotros.

    El fracaso de un Profeta

    Yehoshua fue el profeta del Reino, que vivió 35 años en silencio, trabajando como artesano entre los pobres de las aldeas de Galilea, y tras su conversión, vivió entre un año y tres años como profeta itinerante, sin domicilio fijo, predicando la Buena Nueva del Reino de Dios, y sanando a los que a él acudían. En la Pascua en Jerusalén realizó dos anuncios de su predicación: la aceptación de su función como Mesías del Espíritu, y la denuncia de los sacerdotes que comerciaban en el templo. Cuando los discípulos esperaban el anuncio definitivo de la instauración del Reino de Dios, fue apresado, sometido a tormento y ajusticiado.

    Su anuncio fue revolucionario y transformador, la instauración del Reino del Espíritu desde su visión de conciencia unitiva, en virtud del cual la obra divina se realizaría , los que sufren serían redimidos y el sufrimiento entre los hombres daría espacio a un tiempo de esperanza, paz y justicia. Su perspectiva era ver el desarrollo del Espíritu dentro y fuera del corazón humano. Su interior se movía por un fuego transformador que estaba presente en la radicalidad de su mensaje y en sus actos.

    Su propuesta de transformación, de origen espiritual, y resultado de la conversión abierta a todos los hombres que eran convocados por su palabra, suponía también una profunda transformación de las relaciones humanas y las condiciones sociales. Suponía el fin de la opresión, la liberación de las condiciones humanas, la equidad y la elevación de la dignidad intrínseca de hombres y mujeres considerados iguales. Suponía el reequilibrio de la vida humana.

    Todo ello le enfrentó necesariamente con los poderes dominantes. El asumió un mesianismo de servicio, no vinculado al poder sacerdotal ni al templo. Se enfrentó a este poder censurando su hipocresía y su participación en la opresión del pueblo. Se enfrentó a los poderosos y a sus costumbres. Rompió las reglas de pureza y enseñó a romperlas siempre que se enfrentaba a las necesidades humanas. Tomó opción por los marginados, los pecadores, los oprimidos y las mujeres y los niños, los sectores mas vulnerables y despreciados de la población. Su propuesta fue radical, no negociando conveniencias ni poderes. Fue realmente alternativo.

    Los poderes de la tierra reaccionaron prontamente. Herodes Antipas intentó prenderle en Galilea y encerrarlo como hizo con Juan. Yehoshua escapó a este destino alejándose de Galilea. En Jerusalén fue prendido por el Sanedrín, fue acusado de sedicioso y ejecutado como tal, dejando su mensaje en el silencio y el profundo temor producido por su muerte prematura y cruel.

    A los ojos de todos fue visto en ese momento como un profeta fracasado. Sus discípulos posteriormente, de forma misteriosa que es atribuida a la revelación de su resurrección espiritual, cambiaron la centralidad de su mensaje del Reino, por la re-escritura de su vida, creando su divinización y función redentora sacrificial, como forma de comprender lo que había sucedido, iniciando una predicación en su nombre que se distanció de su mensaje original, aunque conservó la instauración de una nueva comunidad basada en el amor. Desgraciadamente esto también desapareció cuando el nuevo credo se alió con el poder a partir del siglo IV. Actualmente tenemos que salir de nuevo  al rescate del origen, en la nueva búsqueda y comprensión de su buena nueva tal y como él la expresó.

    Si se entiende el mensaje de Yehoshua como un mensaje profético que había de cumplirse en su generación, con grandes transformaciones sociales a favor de los pobres y los oprimidos, y con una transformación de las conciencias de los hombres entendida como un salto adelante en la instauración de la conciencia unitiva espiritual, entonces hemos de admitir que fue un profeta fracasado, ya que sus discípulos no le entendieron, y posteriormente le divinizaron como un acontecimiento singular e independiente de lo que es general para la especie humana, creando por tanto nuevas luchas por el poder institucional y temporal, con las miserias y la degradación del mensaje del nazareno que conocemos a través de los siglos.  

    El mensaje de Yehoshua ha de ser entendido desde la visión que tenia en su corazón, desde la nueva forma de vida a la que había accedido. Por ello tiene un significado trans-histórico, ya que estaba presente entonces plenamente en su corazón y en el de algunos después, los místicos de todos los tiempos y todas las culturas, y está abierto para nosotros ahora. Si lo entendemos así, la interpelación de su visión es vigente y actual, es un mensaje directo a nuestra forma de ver y de sentir.

    El Camino hasta ser Nadie 

    “Apegarse es insistir en ser alguien. No apegarse es ser libre para ser nadie”

    El camino de Yehoshua hacia la cruz fue un proceso de anonadamiento hasta despojarse de toda identidad. Fue su despojamiento de toda condición humana.

    El rechazo de Yehoshua de todo aquello que significa el poder temporal, el poder del dinero y de las riquezas, los roles sociales y de poder, las estructuras instituidas por encima de los hombres, el rol tradicional y familiar, el estado de cosas impuesto por los poderosos, necesariamente significa la ruptura radical con las identificaciones. Rompió con la estructura de familia tradicional, rompió con un hogar seguro, con un lugar en el centro de la organización social, al lado de los rabies y los jefes religiosos, rompió con las normas de funcionamiento , y cultivó el comensalismo abierto, la predicación en medio del campo, en los collados y colinas. Aconsejó a sus discípulos no llevar bolsa ni túnica, a ser itinerantes y no poseer nada. Dijo “solo si os hacéis como niños, entrareis en el Reino”, esto es, si perdéis las identidades, los roles y los lugares comunes, y entonces “os maldecirán, os perseguirán y os calumniaran”.

    Así pues, él aplicó en su vida y en su muerte el proceso que predicaba. Perdió su dignidad, el papel que otros le habían asignado, el liderazgo de Mesías, perdió sus amigos y sus familiares, su propia naturaleza, y allí desnudo, ultrajado, atormentado y perdido a si mismo, clavado a un madero, también sintió la perdida de la conciencia divina que era su fuente y su orientación, y gritó de abandono y desesperación. Si alguien llego a la minima expresión, a la perdida de todo lo que podía poseer como hombre, antes de entregar su vida fue nada. Y fue esto necesario antes de abrir la puerta del Espíritu por completo. Su muerte fue la antesala para la expresión divina completa, a través de su nuevo ser espiritual. Para ello tuvo que despojarse por completo. Y este es el camino que nos marca, el camino del despojamiento.

    El proceso de Yehoshua se trazó desde la seguridad del hogar, la familia y la tradición, a vivir sin hogar y sin familia, itinerante y sin “un lugar donde reposar la cabeza”. Desde poder poseer la tierra y sus riquezas a no tener nada, ni bolsa ni tunica propia. Desde tener un rol y ser aclamado por todos a ser abandonado por todos y reducido a un cuerpo torturado y sanguinolento, desde la certeza de la conciencia divina en la que habitaba, a perder incluso esa certeza en la desesperación de la cruz. Nuestro maestro es el reflejo del drama universal, del propio drama humano, que ha de transitar en la noche, el vaciamiento y la perdida para acceder al Reino. Necesitaremos nacer de nuevo, y para ello hemos de morir. Hemos de morir a nuestras seguridades, a nuestras posesiones, a nuestros controles e identificaciones, a nuestro espacio propio, y habremos de sufrir con el mundo, hasta su transformación completa. Este es el ideal del Bodishatva. Este es el ideal del discípulo

    La manifestación divina despojada

    He repetido como el meollo del mensaje de Yehoshua, la llegada del Reino, es consecuencia de su visión desde el divino, de percibir de forma real, presente, autentica y completa su unidad con el Padre, de sentir su hogar en su corazón, de forma que su familia era la familia divina de los que son unidad con Él .

    Esta forma de percibir se convirtió en Yehoshua algo permanente, actuante en cada uno de sus actos, presente cuando miraba a las personas, actuante cuando sanaba y cuando se dirigía a la gente. Por ello su presencia y acción causaba asombro y llenaba de adhesión.

    Así pues hemos de decir que en Yehoshua de forma avanzada, igual que en otros maestros, lo divino alcanzó la expresión completa. Y de esa expresión, de esa manifestación su vida fue arquetipo. Por ello hemos de preguntarnos por qué era necesario el tormento, el fracaso histórico y la muerte. ¿Es que la noche, la oscuridad y el sufrimiento forma parte del camino de transformación hacia el Espíritu?

    La Pascua de Yehoshua indica, al ser él el ser autentico en el que lo divino se manifestó mas ampliamente, una parte consustancial de su mensaje vital. Yehoshua predicaba con su vida, con sus actos, y su muerte no es exclusión. Lo divino para expresarse debe despojar lo humano, debe realizar el transito que implica la muerte. El siervo del Espíritu debe por tanto transitar antes por el despojamiento, por la noche, por el vaciamiento de si mismo. No es esto algo que paso solo históricamente. El nivel del drama de Yehoshua se expresó de otras maneras en otros testigos del Espíritu, pero en todos fue necesaria la noche y el despojamiento.

    El camino para el “testigo del Reino” es urgente y está lleno de riesgos y de confrontación con los poderes de este mundo. Es necesario volvernos manifestación de lo que siempre ha estado allí, pero que requiere de una muerte y un renacer para que se manifieste, y esto implica negarse a uno mismo, asumir el riesgo, la noche, el sufrimiento, la cruz que nos toque, y no poner resistencias al drama que ha de ocurrir en nosotros, que será fracaso a los ojos humanos, que sea fuente de burla y de rechazo, pero que será también el camino de liberación.

    Este es un proceso que ha de ocurrir primero en el corazón humano, en el silencio de nuestra conciencia, en nuestro morir dentro de nosotros. La muerte, el sufrimiento, el anonadamiento, y el vaciamiento es un proceso primero interior y luego exterior.

    La instauración de lo divino en nuestro tiempo ha de pasar también por una muerte en el silencio, por el drama del sufrimiento de sus testigos, para permitir su manifestación. Lo viejo ha de morir para dejar espacio al nuevo tiempo, y esto es un proceso que no ocurrirá sin dolor. Por ello la pasión de Yehoshua aparece así como el arquetipo del proceso universal de transformación de la conciencia, que ha de renacer desde la renuncia a la forma antigua de conocer, desde la muerte dolorosa de nuestra forma de percibir, volviéndonos absurdos para el mundo, y viviendo contracorriente, siendo los siervos sufrientes del nuevo tiempo. No deseamos el dolor, no deseamos el drama que nos toca, pero este es necesario para que demos el salto hacia el Espíritu que nos necesario y que es necesario al mundo

    La muerte como extensión del amor en acción, y su consistencia con el mensaje del Reino

    Yehoshua tuvo conciencia de las consecuencias de su mensaje. El tomó la opción por lo pobres y los oprimidos, y su mensaje era de riesgo. Exigía de los suyos una renuncia radical, y entendió que su propuesta ponía a los poderosos enfrente. El drama que desarrolló, con el nivel de exigencia que su conciencia le exigía y desde el que exigía a los que habían de seguirle.

    Su aceptación del tormento y la muerte que tuvo no puede ser comprendida mas que como consecuencia de su actitud ante el mundo, que fue antes que todo de amor a la condición humana. Solo de la fuerza que produce el amor, de su actitud de siervo a los hombres es de donde encontró fuerza para resistir el tormento sin renunciar a su fe. Fe en la evolución humana, en el vuelo hacia el Padre, hacia el Espíritu.

    No significa esto que asumiera una conciencia de salvador de los pobres o de redentor sacrificial de los oprimidos. Solo asumió la consecuencia de habitar en el Reino, la consecuencia de vivir desde el amor, y aceptar la consistencia de su opción. En un mundo no transformado, aquellos que van un paso por delante sufren las resistencias y la violencia de los que no quieren que las cosas cambien. Y esto no puede realizarse sobre la base de una coherencia fría de llevar razón o de morir por unas ideas, sino como consecuencia de aceptar sufrir por su opción de amor y de defensa de los que sufren. Por eso es posible decir que no hay mayor amor que dar la vida por los que se ama. Pero no darla para realizar una labor de victima o de sacrificio, sino como coherencia con todo su mensaje, con su propuesta de transformación, que había de comenzar a través del dolor. Solo desde el amor en acción que fue su vida es posible comprender tanto dolor.

    La muerte de un siervo. La muerte de un esclavo. La muerte de un rebelde

    Yehoshua era consciente de que se enfrentaba a fuerzas poderosas. Su mensaje era radical y exigía una revolución de las conciencias. Su visión era alternativa y sin concesiones. Suponía necesariamente una confrontación con el poder, sin que aceptara en esa confrontación usar los medios de sus adversarios. Solo la fe completa en el Padre le hizo avanzar a pesar de que aparentemente todo fracasaba. Por ello aceptó su destino, no negociando su vida, no cediendo terreno, ni permitiendo que hubiera duda sobre su forma de ver. Actúo incluso cuando nadie comprendía su mensaje, que en el momento crucial fue una acción en la soledad mas completa, en la incomprensión mas absoluta, quedando reducido al absurdo desde la perspectiva de la práctica y de lo sensato. Incluso aunque desesperó no renunció a lo que creía.

    La muerte que sufría fue la destinada a los esclavos y a los rebeldes no ciudadanos de Roma. Yehoshua sufrió la muerte mas horrorosa, al igual que miles de otros judíos que fueron apresados en las insurrecciones de Judas Galileo, o en el arrasamiento de Seforis, o posteriormente en la destrucción de Jerusalén por las legiones de Tito. Compartió la suerte de los mas perseguidos entre los rebeldes y los esclavos. Vivió haciendo una opción definitiva por los pobres. Murió siendo el mas ultrajado entre ellos.

    La Resurrección. Nacer de nuevo en el Espíritu

    Yehoshua se manifestó a sus discípulos en su nueva existencia espiritual. Donde había gente temerosa y que no dudaba en traicionar a su maestro para salvarse, pocos días después aparecieron apóstoles valientes que manifestaban la Buena Nueva en nombre del crucificado.

    Yehoshua no volvió  a tener una vida terrena como antes de su muerte, pero si fue una manifestación espiritual que permitió restaurar la fe y la confianza entre los suyos, en primer lugar en María Magdalena, que se convirtió así en apóstol de los apóstoles.

    Con su nueva presencia espiritual, el maestro completó el circulo de su elevación a la vida divina, dando manifestación de su naturaleza divina. Todos nosotros estamos llamados a esta manifestación. Es el estadio de plenitud de la evolución. Es el culmen de la evolución de la conciencia: renacer en el Espíritu, manifestando nuestra luz. Así la resurrección general y la Segunda Venida no es otra cosa que la manifestación definitiva de la conciencia espiritual divina en el universo. Esta manifestación es a la vez personal y no personal, y ni es no personal ni es personal. Supone la instauración definitiva del Reino. El comienzo de una nueva forma de vida que dará lugar a la plenitud de los tiempos

  • PREGUNTAS Y DUDAS SOBRE EL MÁS ALLÁ

    Publicado el 2 Julio 2010 admin No hay comentarios

    Diálogo con una amiga

    Pedro San José

    Ya sé que nadie puede saber lo que nos pasa al morir. Cuando hablo de esto con alguien me dicen que lo que les interesa es esta vida. Sin embargo esta cuestión ha ocupado la mente de los humanos desde siempre…y yo me lo pregunto a menudo.
    Por eso voy a poner aquí lo que pienso después de leer a Willigis Jäger y otras personas místicas.

    La muerte tiene una gran importancia para nuestra evolución espiritual. A los monjes jóvenes en Corea, en la tradición del Song (zen coreano), se les pide que practiquen durante meses sobre la muerte. Sentir, percibir la propia muerte es una forma muy especial de valorar la vida. Todo lo relacionado con ello, y con las diferentes formas de vida hay que percibirlo no desde el razonamiento ni la filosofía, ni siquiera desde la teología, sino más bien desde la experiencia de silencio, como uno de los koans principales de la existencia

    Los místicos y sabios que han experimentado la Conciencia de unidad, o sea a Dios
    dicen que nuestro yo individual muere al dejar este mundo. Nuestro yo individual es nuestro organismo, nuestro psiquismo y todo lo que constituye nuestra historia aquí en la tierra
    .

    La mística ha comprendido en las diferentes tradiciones (Nagarjuna, Eckhart) que en el crecimiento personal hemos de llegar a “ser nadie” a fin de avanzar en la evolución de la conciencia. Llegar a ser nadie es perder nuestras identificaciones en último término con ese yo individual en sus múltiples facetas. La gran trampa del ser humano en su actual estadio de evolución del yo mental (ver Ken Wilber) es nuestro enclaustramiento identificativo como “el que piensa”, “el que siente”, etc. impidiéndonos ver mas allá. Y ¿qué es ese más allá? Pues que ese yo individual es una falacia, y que esta existencia es una manifestación, una manifestación más y al tiempo toda manifestación de lo que existe como Unidad. Nuestro yo individual no muere en el momento de la muerte, ya que ese yo como referencia separada de nuestra existencia realmente no existe, pero nuestro nivel de conciencia nos lo impide ver. Lo que realmente somos es vida divina, expresada en el aquí y ahora. En el momento de la muerte se nos caerá el velo que impide que lo veamos así. Me corrijo. No es en el momento, ya que hemos de entender la muerte como un proceso de transformación espiritual, más que una puerta que se atraviesa en un momento. Por ello en ese proceso podemos conservar, quizás durante un periodo indeterminado, nuestra identidad individual mientras la manifestación que hemos sido se depura y resuelve las tareas pendientes, antes de sumergirse “en el seno del Padre”, en el hogar que está ahí desde el principio.

    El maestro Eckhart en su sermón sobre la pobreza de espíritu habla del vaciamiento esencial, de forma que “en esta pobreza reencuentra el hombre el ser eterno que él ya había sido y que ahora es y que será para siempre”. Esto es, nuestro verdadero ser es una naturaleza divina eterna, que no encuentra división ni separación con lo que existe. Dios se expresa y manifiesta en las criaturas, en un entrelazamiento del que formamos parte

    Sabemos que al morir nos transformamos. Lo que no sabemos es “en qué” nos transformamos. Las plantas y lo animales también se transforman en tierra; nuestro cadáver se vuelve al polvo. ¿Y nuestra conciencia individual?

    La muerte es un proceso, en el que quizás durante un periodo, los que nos han querido podrían acompañarnos, hasta que “se van a la luz”. Nuestra conciencia individual nos ha sido útil para el desarrollo de nuestra evolución y nuestra forma de vivir en la tierra, pero, como he dicho, no es más que el resultado de la identificación con el aparato mental, que es el acumulo de manifestaciones, poses, caracterización de personajes, y un principio de identidad que nos dice que somos esos “yos” andantes y pensantes, independientes de los objetos que nos encontramos. Por ello nuestro proceso mental nos separa del mundo que nos rodea, en el que proyectamos nuestras interpretaciones y nuestros conceptos. Nuestro crecimiento espiritual significa dejar caer esas proyecciones, y ser capaces de “ver y experimentar directamente”.

    El universo entero está lleno del espíritu uno. El espíritu uno no es algo separado de las cosas que vemos, de los seres que tocamos. Es las cosas y los seres. Y también nosotros. Todo pues es una manifestación única, entrelazada e indivisible, en la que no hay un yo y un tu.

    También dicen los místicos y sabios que nuestra identidad verdadera no es el yo individual sino la Divinidad.

    Así es. Esto significa que Dios no es un ente separado e individual con el que relacionamos como personas independientes, sino que es el océano del que formamos parte, y del que somos olas. Somos manifestación divina. La falacia es sentirnos “olas” flotando independientes en el vacío, y no como parte del océano. Dios es personal y es no personal. Incluso podríamos decir que no es ni personal ni no personal. Pero lo que es claro es que si el fondo o medio divino da lugar a la manifestación que somos , y a la de los seres que queremos, y como manifestación también se expresa en la manifestación y comunión que sentimos con ellos, es evidente que la expresión de comunión que sentiremos cuando se nos caigan los velos será más profunda, más tierna, más completa todavía. Esa percepción egoísta y miedosa que a veces nos imaginamos, como que tras la muerte vamos a caer en un vacio amorfo en el que no sentiremos y tendremos capacidad de saludar, abrazar y sentir a nuestros amores, es una estupidez propia de nuestra forma de ver aislada y egoísta

    Willigis J. dice que Dios se manifiesta en todas las criaturas, se encarna en todo, en nosotros los humanos y que Dios baila el baile de la Evolución. Todo cambia.

    Si, es cierto. Todo cambia. Todo lo que aparece desaparece. Nosotros, nuestros momentos, lo que existe, todo nace y muere en cada instante. El proceso de crecimiento espiritual es aceptar y vivir esto, y por tanto incorporarnos al flujo del cambio, en lugar de resistirnos a el, apegarnos a nuestras falsas seguridades y vivir nuestras neurosis desde un ego que imaginamos permanente e independiente. La iluminación es vivir como una manifestación, fruto de una encrucijada de miríada de causas y efectos en la que somos, en la cada instante nosotros también influimos de nuevo. Es bueno imaginarnos como un cielo estrellado en el que se cruzan las luces y los meteoritos, los cometas y las briznas de polvo cósmico, cuya fotografía esta en profundo cambio y solo vale para este instante. Dios no es un Dios fuera, es un Dios dentro, y si lo es se manifiesta en todo lo que existe. Lo que existe no es nada sin Dios, y Dios no es nada sin lo que existe. Esta convicción, cuando se vuelve experiencia da vértigo, pues es experiencia de comunión, y transforma profundamente la vida.
    Mis padres ya murieron así como dos hermanos míos. Ya no son mis padres ni mis hermanos puesto que Jesús dijo que seremos como ángeles. De acuerdo.

    Tus padres y tus hermanos, son como tú y como yo, expresiones de lo uno. Quizás se conservan como otras manifestaciones, pues así se marca en el designio de lo que existe. También yo durante tiempo aspiraba a reencontrarme con mi padre muerto como ser individual, separado e independiente, que me esperaba en la otra vida. Hoy, y esto es solo una convicción íntima personal, siento que me reencontraré con él en un nivel de existencia diferente, donde yo habré perdido mi yo, y el su yo, y por tanto seremos tanto él como yo la manifestación divina en comunión, sin límites ni fronteras entre las existencias. Esto es mucho mejor, si se puede comparar, que esa manifestación, por muy querida que sea, del reencuentro de espíritus solitarios, perdidos en medio de las nubes o como sea que imaginamos el paraíso de almas individuales.

    Pero al entrar en Dios, como Dios sigue “bailando” su creación puede que mis padres
    se conviertan en una nueva “expresión” de Dios. Entonces…cuando yo muera no volveré a encontrar a los míos que tanto quiero…Eso estoy pensando. Porque al morir desaparece también la conciencia individual y nuestras relaciones de este mundo.

    Efectivamente. Nada queda fijo. De igual manera que incluso ahora tu y yo tenemos como tarea no apegarnos a nuestro yo, y llegar realmente a ser “nadie”, en el futuro iremos cambiando y creciendo, pero si crecemos, creceremos en comunión. No podemos hacer una capillita, cerrada y exclusiva en la que vivir eternamente felices con nuestra familia, pues nuestra familia son todos los seres vivientes, y nosotros no tenemos nada que sea nuestro.

    Tenemos querida amiga, muy gravada en nuestro subconsciente, en nuestra forma de ser y de percibir, esa cultura egoísta e individualista occidental, que ha sido alimentada erróneamente por las iglesias, que se sostienen en dogmas cerrados, y que temen perder razón de existir si admiten este flujo de perdida. Por ello asistimos al mito del paraíso perdido que habremos de recuperar desde nuestro ser individual, que imaginamos eterno como ser individual, y que gana o pierde como si de un partido de futbol se tratara, recibiendo premio o castigo por toda la eternidad. Esto es el fruto de nuestra mente neurótica, y no la experiencia de los maestros, empezando por nuestro maestro Jesús

    Pero contra esta suposición se dan casos y experiencias raras, empezando por apariciones de la Virgen que se dan a cada dos por tres en nuestro planeta y también se aparecen los santos y Jesús…

    La presencia de lo divino se manifiesta adecuándose a nuestra cultura, a nuestra forma de comprender y de ser. Si lo divino pudo alcanzar la expresión de conciencia y de realidad que se dio en el señor Jesús o en la Señora María, ¿Por qué hemos de creer que no puede volver a expresarse de igual manera? A los santos budistas lo divino se manifiesta como lo divino femenino y nutriente a través de Shakti. A nosotros puede manifestársenos en la mediación de nuestros espíritus familiares. Pocas veces la manifestación divina es sin forma, pura, y cuando así lo es, provoca un profundo efecto, una señal perdurable en nuestro espíritu, solo en condiciones de recibirla cuando nuestra conciencia este suficientemente evolucionada

    Habremos de decir de paso que no tenemos ni los católicos, ni los cristianos, ni los espirituales, la exclusividad de la manifestación del mundo superior. Existen múltiples caminos para subir el monte Carmelo, existen múltiples mundos y formas de vida, múltiples galaxias y universos, donde la evolución y lo divino se manifiesta. Hagamos un profundo gesto de humildad de no pretender comprenderlo todo, cuando somos tan solo un estadio limitado y todavía insuficiente de la manifestación total. Habremos de ver también en nuestro próximo futuro, si somos o no un experimento fallido del universo

    Creemos que Jesús “resucitó de entre los muertos” y está exaltado por Dios. Cristo dicen los expertos es Todo el cosmos. Pues si nosotros morimos en Cristo también seremos el ¿¿¿Cosmos…??? o sea Dios. Nuestra conciencia individual se habrá transformado en la Conciencia total o sea en Dios…

    Si. El profeta de Galilea alcanzo una conciencia unitiva, una visión de comunión con lo divino. Desde allí nos ofreció su mensaje: el Reino esta ya aquí, dentro de vosotros y fuera de vosotros. Nos invitó a unirnos a su forma de vivir y de ver las cosas, desde el amor y la comunión universal. Yo no creo, como muchos otros, que Jesús sea el separado de doble naturaleza, el hijo unigénito de Dios, segunda persona de la trinidad , que vino al mundo desde su propia naturaleza separada, para salvarnos a nosotros, arrinconados en este planeta oscuro, siendo incapaces de redimirnos a nosotros mismos. Si creo que Jesús es, ha sido y será naturaleza divina, pero igual que lo somos nosotros. El hizo el recorrido, como lo hizo el Buda, y nos invita a hacerlo a nosotros. Es el profeta que nos anuncia la esperanza, que está en nuestras manos, en nuestras opciones. El desarrollo de nuestra conciencia ha de expandirse espiritualmente hasta el nivel causal, en el que la expresión de la realidad es completa

    Aunque dicen también los místicos que somos no-dos sino UNO pero que entre Dios y nosotros hay diferencia. ¿Es así?

    No olvides, amiga, que los místicos no hacen filosofía, sino que hablan desde la experiencia, desde la vivencia y expresión real. Por ello las expresiones verbales son limitadas. Uno, no-dos, ni uno ni dos, son formas de hablar sobre la realidad que viven. Tampoco hemos de olvidar que para entender a Jesús hay que aceptar que habla “desde ahí”.  Efectivamente Dios no existe sin nosotros, nosotros no existimos sin Diós, y lo divino y nosotros somos uno. Más allá de esta expresión es respirar en el silencio, contemplar desde la Nube del No-saber, y desde allí, como diría Juan de la Cruz, “grandes cosas entendí … toda sciencia trascendiendo”. Entre nosotros y Dios existe la diferencia de entre el océano inmenso y una humilde ola. ¿De que esta hecho el océano? ¿de qué está hecha la ola?… Agua por todas partes

    Otra pregunta que me hago es qué ha pasado con los miles de millones de humanos que han muerto empezando por los “australopitecos” y hombres-monos todavía en fase de evolución hacia el homo sapiens.

    Son el flujo continuo de la conciencia que pugna por hacerse espiritual, pasando de la fase arcaica a la mágica, de la mágica a la mítica, de la mítica a la egóica mental racional, en sus fases preoperacionales, operacionales y mental propiamente dichas. Este proceso no es solo el proceso de lo que había de ser la especie humana, sino el proceso continuo de evolución del conjunto del universo. Todo será recogido, como indicaba ya Teilhard en el medio divino, que apunta en evolución creciente hacia su culminación.

    Dios es Vida que se manifiesta en distintos niveles de vida: material, vegetal, animal y humana. Un animal inteligente al morir ¿vuelve a la nada?

    Creo que he contestado ya, como he sabido, a esta pregunta

    Creo que me estoy volviendo agnóstica porque los agnósticos ni creen ni son ateos, son agnósticos, no saben. Entonces yo tampoco sé, luego soy agnóstica porque todos los dogmas que he aprendido se me han derrumbado casi todos por no decir todos.
    Pienso también que puede que la reencarnación sea una realidad y que hayamos tenido otras vidas que de esto también hay testimonios.

    Decía Eckhart que llegado un momento de nuestra evolución espiritual, también deberemos abandonar toda imagen y concepto que nos hayamos hecho de Dios, pues realmente se interpondrá como barrera en nuestro crecimiento. El anónimo de la nube del no-saber nos estimula a entrar en la Nube del Olvido. Juan de la Cruz nos indica que en nuestra subida no debemos buscar Nada, tener Nada o esperar Nada. Por tanto si ahora estas en ese No-saber, te digo que quizás estas en un momento interesante, en el que te estimulo a hacer silencio, y a escuchar el silencio, y como dice el autor, lanzar dardos de amor a esa nube del olvido. Nirvana o paraíso, Reino de Dios, no están lejos. La fe es la fe en la palabra del maestro: está aquí, está en todas partes. Lo que pasa es que no lo sabemos ver

    La gran incógnita: ¿desaparecemos para siempre? el yo individual sí, pero si nos transformamos ¿en qué nos transformamos? ¿en Dios?….

    Creo de nuevo que en la forma que he podido te he comentado también esta pregunta

    Ya sé que nadie lo puede saber pero los místicos y sabios iluminados de todas las religiones han experimentado algo y nos lo pueden decir de alguna manera.

    Todos nosotros hemos experimentado alguna vez, aunque solo sea por un instante ese momento en el que quedamos “embobados” por una música, una imagen, un instante de experiencia, una mirada. En ese momento el yo se cae, o lo que es lo mismo rompemos la identificación con el mismo. Como decía Dogen: “Nuestro camino es la búsqueda del yo mismo, en la búsqueda del yo mismo llegamos al olvido del yo mismo. En el olvido del yo mismo, llegamos a ser uno con todas las cosas.

    Amiga, Los místicos se callan. Si son auténticos apenas balbucean su experiencia, y cuando lo hacen lo anuncian con metáforas, parábolas o koans. El motivo es que al poner en palabras la experiencia, interpretamos y reducimos, hacemos mental lo que no lo es, y corremos el peligro de deformarlo. Es excelente la opción de los místicos (Juan de la Cruz, Rumi, Ibn Arabi) al poner la experiencia en forma de poema amoroso. Pues la experiencia es comunión, la experiencia es amor

    Lo que dice Willigis es que hemos de estar totalmente desasidos y desprendidos de todo y de nuestro yo para poder unirnos con Dios. O sea que desapareceremos.

    Claro, mientras nos agarremos a nuestras identificaciones y falsas seguridades, seremos esclavos de nuestra fase mental. Por eso “hemos de ir de vuelo”, como dice Juan de la Cruz. Llegar a ser nadie como dice Nagarjuna. Como pienso que no has leído sobre él, te dejo aquí un poema:

    Me inclino ante los Despiertos
    que enseñan la contingencia
    (ni muerte, ni nacimiento,
    ni nada, ni eternidad,
    ni llegada, ni partida,
    ni identidad, ni diferencia)
    y liberan del deseo de ser alguien

    Un fuerte abrazo, Pedro

  • El Reino de Dios - La transformación esencial

    Publicado el 17 Mayo 2010 admin No hay comentarios

    El mensaje central de Yeoshua es la venida del Reino de Dios, como esperanza para los pobres, los oprimidos, los marginados de su sociedad. En su vida personal, Yeoshua contempló y compartió el sufrimiento del pueblo a manos de los poderosos. Este sufrimiento era físico, existencial y espiritual. Su experiencia de conversión le llevo a contemplar la vida con ojos diferentes, “ojos nuevos”, viendo desplegarse la acción de lo divino en todas las cosas. Por ello el centro de su anuncio se transformó, indicando que el Reino de Dios ya había llegado, estaba en medio de nosotros. La llegada del Reino, vista desde la mente unitiva de Yeoshua, es la respuesta a las situaciones de desesperanza humana. Parte de un cambio radical en la comprensión, que lleva a un cambio en la forma de relacionarse con otros seres y con otras personas. Desde el momento en que el Reino de Dios anida en el corazón de una persona, esa persona no está sola nunca más. Se siente habitando la casa del Padre, y haciendo su obra.

    La característica central del Reino del Espiritu, llamado por Yeoshua el Reino de Dios es la visión unitiva, la comunión, el amor en acción. Este mensaje tenía su propuesta histórica en el tiempo de Yeoshua, condicionada por las circunstancias y la cultura en la que vivía, pero su visión esencial es trans-temporal y es vigente hoy día. Es la visión mística, entendida como la visión de cada momento, como un momento universal en el que la creación y el desenvolvimiento de lo divino se da. Si Yeoshua nos hablara a nosotros ahora  nos hablaría así:

    “¡Convertios!, transformad vuestro corazón. El reino del Espíritu ya está en medio de vosotros. Está fuera de vosotros y dentro de vosotros. Vosotros sois el Reino del Espíritu, ya que ya habitáis la casa del Padre, si bien todavía no lo veis ni lo vivís. No sois nada fuera de lo que yo soy, ni fuera de lo que el Padre es, ni el Padre es nada fuera de lo que sois. Una vez comprendáis que el Reino divino está dentro de vosotros, ya no tendréis miedo ni os sentiréis solos, y vuestra familia serán todos los que cumplen la voluntad del Padre, y en función de esa voluntad permiten que el Espíritu brille en ellos y a través de ellos.

    Acoged al que sufre y al que llora. Socorred a la viuda y haceros como niños, vulnerables y sencillos. No ignorantes y torpes, sino sencillos y sabios. Todos caminamos el mismo camino, y avanzaremos en la comprensión y en la unión de nuestra casa. Compartimos el pan y compartimos el corazón, haciéndonos uno en el cuerpo y el espíritu, ya que como anunciaba el profeta Isaías, en los nuevos tiempos, el lobo y el cordero pacerán juntos. Solo lograremos que el reino del Espíritu se manifieste plenamente mediante nuestra acción. Abandonad toda posesión, abandonad vuestra seguridad y vuestra pequeña casa y salid a los campos y a las barriadas, allí donde los hombres vuestros hermanos viven, y anunciadles con vuestra palabra, vuestra vida y vuestros actos la Buena Nueva. Existe una salvación, una liberación para todos los seres. Así pues, el que este ciego verá, el que este sordo oirá, y el que se le imposibilite caminar andará. Cread el nuevo tiempo con vuestra vida, con cada acción, con cada momento de servicio a vuestros hermanos.

    Para vivir el tiempo nuevo debéis negaros a vosotros mismos. Negaros a vosotros mismos es salir de vuestros lugares, dejar todo lo que tenéis, poseéis o deseáis, abandonad vuestra forma de ver y de sentir, y vivir según el Espíritu, siendo mensajeros libres de la buena nueva. No os preocupéis sobre cómo viviréis, ni lo que comeréis, ni con qué os vestiréis. Preocuparos tan solo de extender el Reino de Dios y su justicia, y lo demás lo recibiréis colmado. El Padre sabe muy bien lo que necesitáis. Así pues andad libres, sin posesiones y sin defensas, ya que hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Cuanto más desposeídos andéis, más ricos y completos seréis. Aspirad pues a lo máximo, teniendo nada, y siendo nada.

    La vida a la que os llamo está en lucha con la forma de ver de los poderosos de este mundo. Os perseguirán, calumniaran e insultarán. Os atormentarán y matarán. No sintáis miedo cuando esto os pase, sino alegraos y exultad, ya que esto indicará que estáis realizando la labor que es necesaria. Igual como a mí me persiguieron y mataron, no aspiréis a suerte diferente. No negocies pues vuestra vida. No seáis moderados con vuestra vida, sino libres y dispuestos a perderla por el Reino. Entregadla pues y darla por bien consumida si la perdéis por lo que importa

    No os mando para atender a aquellos que todo lo tienen, sino para asistir a los que todo les falta. Sed hermanos de los más pequeños, asistid a los pobres y necesitados, poniéndoos de su parte, pues ellos son los predilectos desde vuestro corazón cambiado, desde la existencia divina que habitáis, ya que es vuestra misión equilibrad lo desequilibrado, enderezar la caña torcida. Por ello os mando con la misión de sanar y de curar, de resolver la angustia de mis hermanos pequeños, de anunciar el final de su sufrimiento. Seréis los defensores de la mujer y del niño, del anciano y del que tiene hambre y sed, del que está preso y del que sufre por la opresión de los hombres. No seáis motivo de escándalo para estos mis hermanos más pequeños, sino más bien sed para ellos el anuncio de la nueva tierra y del nuevo cielo que les pertenece. Hacedlo sin embargo desde la mansedumbre y la ecuanimidad de corazón. No apaguéis el pábulo llameante que a veces es la única luz que ilumina a los que sufren, ni violentéis la hierba que pisáis  y que se mueve por el ritmo del Espíritu amante. No ejerzáis en vosotros ni en otros la violencia y la opresión, ni tan siquiera hacia aquellos que os violentan, sino aceptad de buen grado ser objeto de su violencia y opresión por causa del Reino del Padre. ¡Ay de aquel que sea causa de dominación y explotación, que sea causante de la miseria del pueblo, pues llorará y se perderá por causa de su propia dominación y posesión! Caerá desde la aparente opulencia que derrocha a las tinieblas y a la oscuridad de la existencia, consecuencia de la cárcel que ha labrado en torno a si mismo y del yugo que ha colocado en otros.

    Trabajad sin descanso. Cada acción que realizáis en beneficio del Reino del Padre se convierte en la acción especial, sea grande o pequeña. Moveos sin descanso y cread el Reino. Cada esfuerzo, cada verdad o belleza a la que sirváis, incluso si supone un tormento interior, un acto creativo doloroso, una aventura en el salto y en la vida, es obra santa y completa. Salid pues de la pereza y de la seguridad en la que vivís y aventuraros a lo nuevo. Terminad vuestra acción y luego abandonadla sin atribuiros merito: no poseáis nada, ni tan siquiera el fruto que tanto os ha costado construir. Sois ciudadanos del futuro. No os quedéis en el pasado, y sed la acción divina en vuestro presente. Con esta forma de proceder haréis el Reino del Padre más real en cada cosa y en cada ser.

    Vivid desde el amor a todas las criaturas. Sois uno conmigo. Sed uno con todos. Cuidad todo como cuidabais vuestra casa y vuestra familia cuando os encontrabais solos. Hoy vuestra familia es todo lo que existe. No levantéis fronteras, no pongáis murallas, no separéis. Juntad, ya que todo  lo que existe es manifestación del Reino del Padre. Y vosotros sois esa manifestación. Nadie es dueño de su vida, nadie tiene derecho a decidir su destino. Y todos nosotros, cada uno de nosotros, es la máxima expresión de ese destino. Pues tanto lo poseéis todo y no poseéis nada. Todos somos hijos del mismo Padre y hermanos en la misma familia. El que quiera aparecer más, que se haga el menor. Que crezca en el servicio, que crezca en el amor. No he venido a dominar, sino a servir. Así pues también vosotros. Ya liberados, con la visión plena del rostro del Padre en vuestras pupilas, mirad a vuestros hermanos, dadles todo lo vuestro y servirles como el último entre ellos. Así os pareceréis a Aquel al que pertenecéis. Seréis entonces perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

    Amad a vuestros enemigos. Bendecid a los que os maldicen. Ofreced vuestra vida sin resistencia. Aceptad perderlo todo, pues así todo lo ganareis. No acopiéis, no os vendáis por cuatro monedas, no atesoréis ni planifiquéis como lo hacen los usureros y los avaros. Dad con las manos llenas y no os quedéis con nada. Ofreced vuestra vida sin condiciones, y sed por fin libres, una vez hayáis perdido todo, incluso vuestro nombre y vuestra casa, pues entonces todo lo ganareis. Vaciaros a vosotros mismos pues así os llenareis. Bailaréis y cantaréis con las cosas y con los seres, pues seréis las cosas y los seres. No busquéis conquistar reinos y defender ciudades, sed solo conquistadores del corazón de los hombres, sed liberadores de hombres, convertid a todos los seres para que sean libres de las ataduras, de los quereres y sentires, y así realmente amareis y seréis plenos, pues en vuestro vaciamiento encontrareis la riqueza, ya que habréis dejado espacio para que lo que bulle dentro se manifieste. Y así se hará posible el Reino de justicia, de amor, de verdad y de paz que os he anunciado”

    El Reino de Justicia, de Amor, de Verdad y de Paz es el centro del mensaje de Yeoshua. Al cambiar la conciencia y la acción de los hombres, crea una realidad espiritual y social nueva, donde la donación y la unidad de todos los seres es la propiedad organizadora, el principio creativo de la existencia.

    La creación se convierte así en un encuentro universal en el que cada momento, cada instante es el momento en el que se organiza la creación. No podemos escapar a este designio, pero tenemos la opción de participar creativamente u oponernos a él. El desarrollo del reino del Espíritu uno es el alfa y el omega de la existencia, es nuestro rostro original y la plenitud hacia la que vamos. No es una construcción social, ni nada fuera de nosotros, aunque nuestra transformación, nuestra conversión, influirá en el devenir de todos los seres.

    De igual forma que el Buda, Yeoshua dentro de su cultura llegó a percibir la existencia humana como una manifestación de lo universal, de la vida divina que habita en todos y en todo. Así su misión, y la misión a la que nos llama es a realizar el vaciamiento necesario para ser recipientes de esta manifestación. Nuestro vaciamiento eliminará todo aquello a lo que nos agarramos, todo lo que pensamos seguro y permanente, y eliminará de paso todas las angustias, los miedos a perder aquello a lo que nos agarramos. Yeoshua, cuando nos invita a renunciar a nosotros, nos invita a ser nadie, para ser validos como mensajeros del Reino. No nos propone un programa para ser, sino que nos llama a un programa de acción.

    Con esta práctica nos abrimos a la libertad del ser. Nuestra liberación del apego nos abre a la capacidad de ser canales del Espíritu. Nada está fijo, nada permanece, todo fluye hacia la manifestación espiritual, y nosotros tampoco tenemos nada fijo, nada nuestro. Con nuestras manifestaciones, que no son nuestras sino la manifestación del reino del Padre en nosotros, avanzamos en la expresión de la unidad, en el desenvolvimiento evolutivo de lo divino. Esto no es una filosofía, una característica ontológica, sino un programa de acción vital que afecta a todo lo que nos rodea, y tiene consecuencias muy concretas para nuestra vida y para nuestra sociedad.

    Las causas de lo que somos están fuera de nuestro control, pero se modulan por nuestra acción en el presente. Somos un cruce de circunstancias y designios que se cruzan, se hacen y cambian en cada momento. Yeoshua nos llama para que hagamos, en este momento, y en éste, y en éste, la vida divina.

    Soy pues una manifestación sin identidad, que se hace y se deshace en cada instante, y tiene ante si todo lo que existe, llevándolo consigo en cada acción, y se convierte en una danza creativa o destructiva. Seré manifestación de la vida divina o impediré su aparición entre nosotros dependiendo de mi acción y de mi opción, dando lugar a materia, energía y espíritu, que se vuelva compasiva y amante. Por ello no soy, no puedo ser espectador. Soy parte y soy todo con todo, en crecimiento continuo hacia el Espíritu.

    Pero no es ésta una danza neutral de moléculas en el espacio. Es el drama de la vida, de las historias humanas y de las historias universales, en la que se da el sufrimiento y el dolor, la injusticia y el desequilibrio. En esas historias concretas está mi compromiso. En esas historias concretas está el cumplimiento del Reino del Padre. Y en ellas está la manifestación universal y tambien lo que yo soy y seré.

    Incomparablemente próximo y tangible, el Reino huye constantemente de nuestro abrazo, creando el poema amoroso del Esposo y de la Esposa, continuamente perseguido y añorado, en el que se exige cada vez más un desprendimiento, una ruptura de la posesión y de la identidad, sin que existan limites en ello. Este escape del yo es realmente un arrastrarme hacia el centro común, en el que se da toda consumación. Así, mi perdida es mi encuentro. Supone mi máximo desarrollo vital a través de la explosión del amor en mi actividad humana.

    El  Reino se identifica con la dinámica de lo que existe, con nuestras acciones hacia los que nada tienen y todo necesitan. El Reino no es algo separado, un lugar o estadio ideal, externo y terminado en el que debemos entrar, sino la continua transformación de nuestro mundo, de todas las cosas. El Padre Dios se está haciendo a si mismo en el mundo. Las potencialidades posibles, las opciones que tenemos en todas partes y en todo el mundo son las que hacen la vida divina. La extensión y la acción del amor abandonado, de la donación sin reservas es la que hace que el Reino divino se plenifique y se haga presente. Este es el mensaje real y central de Yeoshua. Me entregaré pues al proceso de la vida sin reservas, sabiendo ciertamente que es el proceso de Dios

  • La metanoia de Jesús. La mística desde el origen

    Publicado el 18 Abril 2010 admin No hay comentarios

    Al acercarnos al momento de “conversión” de Yeoshua es necesario aclarar nuestra forma de mirar su historia y mensaje. Hemos indicado que no nos vale una visión estrictamente historicista, ya que se pierde la “mirada interior” al quedarse con el hecho desnudo. Se pierde el significado que es necesario deducir en función del itinerario vital y la intención, y también la propia experiencia de quien interpreta, por lo que hace falta también una mirada “de fe” desde quien observa (entendiendo por ello una visión de comprensión, que implica subjetividad y también sabiduría experiencial, y no solo cognitiva). Tampoco nos vale la visión teológica de quienes escribieron los evangelios, que en gran medida adoptaban una posición apostólica en relación con sus lectores y no realizaron una transcripción de los hechos. Su interpretación supuso una transformación profunda del mensaje, al asumir e incorporar, como en su tiempo hicieron los budistas con la filosofía Vedanta, los mitos “solares” del paganismo por un lado, y el cumplimiento de la Torah en la figura de Yeoshua por otro, reduciendo la frescura de su mensaje en la historia que siguió.

    Nuestra posición de interpretación es como sigue: Partimos de la adopción de una conciencia mística para la interpretación del mensaje de Yeoshua. Sabemos que la experiencia mística muestra la unidad intrínseca de todo lo que existe y su verdadera naturaleza divina, espiritual. Sabemos también que Dios no existe fuera. No es separado de lo que existe, sino que está entramado en la propia evolución de las cosas, siendo la sustancia misma del Universo, su desarrollo ultimo. El Pleroma es la expresión completa de lo divino en lo existente. Pero no concebimos un Dios externo y separado, de naturaleza diferente a las criaturas, que se relaciona con ellas en una historia de amor y odio, justicia y pena, perdón o castigo.

    Entendemos el proceso evolutivo como la transformación del ser a mayores niveles de conciencia y de naturaleza, en el proceso que llamamos metanoia, que no es concebido como “arrepentimiento”, o pase de una situación negativa a positiva, sino como transformación cualitativa de la comprensión y la conciencia, de forma que se vive una vida iluminada, guiada por lo divino que yace en el fondo de nosotros, abandonando las formas egóicas de comprender y sentir.

    Todo maestro espiritual auténtico ha vivido este proceso, avanzando en la cadena del ser a través de una transformación interior. Cada uno de los maestros espirituales ha avanzado incluyendo su historia y cultura. Si el Buda hubo de partir del Vedanta y su propia metafísica, para desde ahí abrir la puerta de la transformación humana, Yeoshua partió de la Antigua Alianza y de la creencia en un dios personal en relación conflictiva con los hombres, y de la esperanza mesiánica, para desde ahí mostrar lo que su corazón veía.

    La pregunta a hacer es cómo un judío piadoso de origen humilde procedente de un lugar oscuro de la Galilea rural, que pasó casi toda su vida dedicado a trabajos manuales, viviendo año tras año en la penuria y compartiendo la vida de los braceros, de los trabajadores del campo, y de los pobres de la orilla del mar de Tiberiades, sin hacer nada extraordinario durante 30 años de su vida, de pronto sufre una transformación espiritual que le lleva a abandonar su forma de vida, su familia, su actividad común, su rol social, y a convertirse en un predicador ambulante y un hombre extraordinario lleno del Espíritu, que le impulsa a proponer una transformación radical de la sociedad, a enfrentarse con el poder religioso y civil hasta el punto de perder la vida en el intento, y a asumir la conciencia mesiánica en si mismo desde una interpretación diferente a la que sus coetáneos esperaban.

    Este cambio profundo fue una transformación radical de conciencia. No sabemos realmente cómo se produjo, ya que los textos de su comienzo de vida pública están llenos de simbolismo teológico que dificultan entender el meollo de lo que ocurrió. Proponemos la siguiente historia como mi interpretación, también subjetiva, a la luz de las premisas que enunciaba al principio:

    “… Cuando todo ha pasado y en fidelidad al mensaje de Yeoshua escribo estas líneas. Como parte de su familia, a mí que me llaman el Justo, y que por fin, tras años de duda he llegado a comprender la misión de mi hermano, tras su tormento, muerte y manifestación espiritual a muchos de nosotros, creo necesario dejar constancia de cuál fue el movimiento interior que dio origen a su mensaje y su presencia, para el mantenimiento de la fe y la esperanza entre los que le siguieron y los que ahora nos consideramos sus discípulos y discípulas.

    Nuestra familia forma parte de los humildes de Galilea. Nuestra situación era mejor que la de muchos, dado que nuestro oficio como “tekton”, que compartíamos mi padre, mi hermano y yo, y la posesión de un pequeño taller familiar, nos permitía con duro trabajo, salir adelante. Pero en muchos periodos, cuando el trabajo escaseaba, junto con mis hermanos Simón y Judas, Yeoshua y yo nos empleábamos también como braceros en el campo, o simplemente como tektones en las construcciones de Seforis, a donde teníamos que ir temprano en la madrugada recorriendo los campos de Galilea. Mientras tanto, mis hermanas se empleaban como limpiadoras y criadas en Seforis y Cana, hasta que se casarón, aunque siguieron viviendo cerca de la casa paterna en Nazaret. Cuando nuestro padre murió, en un accidente en la construcción de un palacio en Seforis, Yeoshua, como primogénito, asumió la dirección de la familia.

    A los 22 años se desposó con Mariham, una joven procedente de Magdala, hija de un comerciante en telas, que ocasionalmente conoció en uno de sus viajes, si bien por alguna razón íntima entre ellos, decidieron mantenerse como pareja fiel sin completar el matrimonio durante algunos años. La razón, lo sé ahora, según me ha confirmado Mariham, era el movimiento del Espíritu que anidaba en ambos. Mariham me ha contado como ellos percibían la situación del pueblo, y como hablaban que había que hacer algo. Dedicaban largas horas durante la noche a la oración, e intentaban entender porqué la gente tenía que sufrir tanto. Nuestro padre nos había contado la carnicería de las centurias romanas sobre Seforis y sobre los pueblos cercamos de Galilea, incluyendo nuestro pueblo en Nazaret, cuando ambos éramos niños pequeños. Nuestros viajes como “arregladores” a Cana, Magdala, Cafarnaúm y Tiberiades, nos permitió observar de cerca como vivía la gente. Allí por donde íbamos veíamos el hambre y la penuria, la enfermedad y la miseria del pueblo, mientras los herodianos, y los sacerdotes de las ciudades nadaban en la opulencia e imponían a nuestra nación yugos y ritos que ellos no soportaban.

    Mientras la observación de esta situación me llevó a mí durante algún tiempo a frecuentar las reuniones de los zelotes, Yeoshua se mantuvo apartado de ellas. Siempre que podía recorría las aldeas con Mariham ayudando a la gente, atendiendo a los enfermos, y orando por los muertos. Ayudaba en los campos, y ofrecía su trabajo muchas veces sin cobrar. Dentro de él se alimentaba la esperanza que todos teníamos en la futura intervención de Dios en nuestra historia, de forma que se cumplieran las promesas del profeta Isaías, con la llegada de un Reino de justicia para todos. Pero aspiraba a esta venida con una transformación de la forma de actuar de las personas. Yo empujaba esta llegada a través de la presión política junto con los grupos zelotas. El mientras tanto oraba y callaba. Yo sentía un fuego interior en él, un deseo de comprensión. En una ocasión, a la luz del fuego en nuestra casa, una vez terminadas las oraciones de la noche, y mientras mí madre, y mis hermanos y hermanas dormían, me habló de sus reflexiones. El pensaba que era necesario que cambiáramos radicalmente de actitud. Creía que Dios no intervendría mientras no fuéramos merecedores, e intuía que necesitábamos cambiar nuestro egoísmo y nuestra forma cerrada de vernos a nosotros y a nuestros semejantes. Desconfiaba del movimiento zelota pues, decía, se basaba en el odio a los romanos, y en la violencia como forma de imponer la transformación necesaria. Yeoshua estaba radicalmente en contra de la injusticia, de la opresión, de la hipocresía y de los ritos vacíos, pero parecía comprender la naturaleza humana de forma diferente, ya que no hablaba en contra de nadie. “Es la sustitución de una injusticia por otra injusticia, sin que las personas cambien”, sentenciaba. Yo, por supuesto no estaba de acuerdo. Sin embargo, entonces él todavía no sabía qué era lo que había que hacer. Recuerdo con cariño estos encuentros. Entonces no consideraba a Yoeshua mi maestro, y he de reconocer que a veces su aparente parálisis me exasperaba, ya que los jóvenes de nuestros pueblos, más aun al alcanzar la edad madura, de una forma u otra practicaban la rebeldía. El esperaba. Viéndolo desde aquí, se ahora que en él se estaba desarrollando poco a poco el fuego que luego nos mostró a todos nosotros, la revolución que manifestó. Pero he de reflejar en la mejor forma que pueda como entiendo que esto sucedió.

    En una ocasión, al terminar nuestra jornada en Seforis, él decidió no pasar la noche en Nazaret, pues me dijo que quería ir a Magdala a visitar a su entonces desposada, Mariham. Ella me ha contado lo que sucedió. Mariham había estado en contacto con varios jóvenes de Caná, donde tenía familiares, que acababan de volver del desierto al sur de Perea, al otro lado del Jordán, donde habían sido bautizados por Juan, un hombre de fuego que vivía en el desierto, y que demandaba la preparación para los nuevos tiempos, desde la conversión interior y el arrepentimiento. Decidieron abandonarlo todo y acudir a la llamada del profeta. Este paso significaba ponerse en contra de todos nosotros, su familia, de la que el era cabeza y responsable, y también el escándalo de dos desposados que sin haber completado sus nupcias, se marchan de su hogar a una situación itinerante, sin lugar donde vivir y sin un futuro cierto. Algunos de los jóvenes de nuestra aldea les entendían ya que dudaban entre su adscripción al movimiento rebelde o ir a Judea, pero lo extraordinario es que el hombre maduro que ya era Jesús y su desposada, sin más ni más, lo abandonaran todo sin tan siquiera despedirse. Es de entender, conociendo nuestras costumbres, que esto rompía lo prescrito por la ley, y suponía un cambio radical en sus vidas. Ahora comprendo que ambos respondían a una llamada interior, que les llevo a romper con su vida ordinaria, y con el destino habitual de las familias de nuestro entorno. Pero entonces fue fuente de importantes discusiones e incomprensiones, tanto en la casa de Magdala como en la de Nazaret.

    Mariham y Yeoshua viajaron al Sur durante varios días, mendigando su comida en las aldeas por las que pasaban, andando de día y dedicándose a la oración y el descanso de noche. Según me contó Mariham, el corazón de ambos ardía de expectativa, pues por fin habían encontrado la forma de hacer algo por la gente, si era cierto que Juan tenía la respuesta. Ella recuerda con emoción el primer contacto con Juan. Al llegar al Jordán, cansados y hambrientos, con llagas en los pies de caminar muchos días sin descanso, vieron una gran multitud, de más de tres mil personas que rodeaban a Juan y sus discípulos más directos. Mientras estos bautizaban a la gente, él a voz en grito, y con gran fuerza en los ojos y en la actitud, repetía:

    “¡¡Arrepentíos, arrepentíos…!! volved el corazón a Dios. El tiempo de la siega está cerca. Habéis de haceros merecedores del nuevo tiempo. Soy el mensajero del que ha de venir: La acción de Dios llegará sin duda y no podemos entrar en su tierra mientras no seamos merecedores. Limpiar vuestro espíritu, limpiar vuestra vida, de igual forma que el agua limpia vuestro cuerpo. Bautizaos y emprended una nueva vida de justicia y renovación…”

    Mariham me describió la impresión que recibieron. No era solo lo que decía, sino también la fuerza que emanaba de Juan. Yeoshua se mostró profundamente impresionado, hasta el punto que sus ojos se llenaron de lagrimas, y murmuró: “… El Espíritu de Dios habla por su boca… Hoy encuentro por fin que el cielo nos llama a una nueva esperanza… El camino del Eterno se abre para los pobres de nuestra tierra…” Ambos se colocaron en la larga cola de los que esperaban para ser bautizados, mientras seguían recibiendo el mensaje atronador del profeta. Yeoshua y Mariham fueron bautizados por uno de los discípulos de Juan, mientras el predicaba. Yeoshua le contó a Mariham después el momento profundo de silencio, de unión con todo, de acercamiento al corazón de los pobres que movió todo su ser en el momento en que se sumergió en el agua. Ella participó de esta emoción. Según me dijo fue como un antes y un después en el ritmo de sus vidas. Un llamada abrasadora en el silencio de sus corazones, y una profunda alegría por encontrar por fin el sentido a lo que había que hacer y decir. Posteriormente, cuando por fin se interrumpieron temporalmente los bautismos, y el profeta se tomó un descanso, ambos se acercaron a él y Yeoshua le pidió quedarse para servir y aprender, mientras decidieron que Mariham regresaría temporalmente a Magdala y esperaría a Yeoshua para reunirse con él cuando fuera el tiempo.

    Lo que paso posteriormente lo conozco por las conversaciones que tuve con Yeoshua mas tarde, al final de su vida, cuando por fin decidí incorporarme a su misión. Y de ello doy testimonio aquí frente a todos vosotros, para que entendiendo creáis.

    Yeoshua se mantuvo varios meses como discípulo de Juan, bautizando a los que venían como sus otros discípulos, y escuchando el mensaje de arrepentimiento y renovación que salía de su boca, pero progresivamente dedicaba más tiempo a la soledad y a la oración en el desierto. En ocasiones le pedía permiso a Juan para dedicar varios días al ayuno y el silencio en medio de la sequedad del desierto de Judá, alejándose del Jordán durante varios días.

    Lo que mi hermano vivió durante esos meses permanece en su esencia en el misterio, ya que le fue muy difícil explicarlo con palabras, pues decía que la realidad se entiende con realidad, y que los hechos han de hablar por si mismos. Entiendo que al igual que Juan anteriormente, y que los profetas que le precedieron, se lleno del espíritu de Dios, sintió su vulnerabilidad y vio el destino de su vida. Su mensaje cambió, y empezó a diferenciarse del de Juan, pero para que sea posible entenderlo permítaseme explicarlo como yo lo he comprendido. El primer paso que Yeoshua dió fue entender que Dios no estaba lejos sino que habitaba en su corazón, que era más íntimo que ninguna otra cosa, y que esto era general para todos los seres. Él entendió que esta comprensión era el centro del reino que había de venir, hacer aparecer el espíritu de Dios en el centro de los hombres y mujeres de su tiempo, en medio de las cosas y de las acciones, en una nueva forma de comprender y entender.

    En sus largas noches de soledad contempló la penuria del pueblo, la opresión en la que vivía, e identificó el mal en el poder de opresión de los que poseían riquezas. Miró de frente las enfermedades de los pobres y marginados, la injusticia sobre las viudas y los huérfanos, las cargas opresivas impuestas por los sacerdotes y los herodianos con la excusa de la ley. El sufrimiento lo sintió en su carne en medio de la angustia, hasta el punto, en una ocasión me confesó, de sudar sangre en medio de la noche. La oscuridad de esas escenas le rodeaba en ocasiones durante varios días, y entendió por fin que su misión iba dirigida a compartir la vida de los pobres de Israel, a rescatar la dignidad de los pobres en medio de tanta pobreza e injusticia. Creo entender que en él a partir de este momento no existió una separación entre su persona y los que sufrían. Ahora le entiendo, con cierto dolor, cuando decía que su familia eran los que compartían su mensaje, y no su madre y sus hermanos. Por ello hoy, que siento que mi destino se iguala al suyo, si me siento por fin su hermano.

    Pasó hambre y sed en el desierto, y echó de menos la dulzura de las caricias de Mariham, la comodidad pequeña de su casa de Nazaret, y la seguridad que significaba seguir el camino trazado, y el destino que su familia y su tradición le deparaban. Pero aprendió que de todo ello debía desprenderse, si quería oír la voz que atronaba dentro de Él. Pero lo más nuevo era que este desprendimiento era diferente al que predicaba Juan. No era necesario, ni conveniente, alejarse de la forma de vida de la gente, no había que rechazar lo que la vida ofrecía, era posible sonreír con las cosas y disfrutar de ellas. El espíritu que oía en su interior le llevaba a decir que todo era bueno, y que todo era santo y estaba lleno del espíritu divino. Pero había que vivir suelto y libre, no sometido o agarrado a lo que pasara. Era una condición radical de la voz que oía que debía soltar todas las amarras, para estar disponible a la acción que debía ser hecha. Por ello su vida se enfocaba como un mensaje de pobreza y riqueza al mismo tiempo. Pobreza aparente pues nada poseía, y riqueza porque al ser parte de todo , todo era suyo al tiempo, viviendo desde la realización en cada momento.

    Al tiempo aprendió que no debía esperar ver resueltas milagrosamente todas las necesidades. Aprendió a pasar penalidades y sentirse abandonado a pesar del espíritu que lo llenaba. Esta experiencia puede ser contradictoria, y añadía en muchos momentos de su silencio una oscuridad que al principio no comprendía, pero pronto percibió que la vida humana ha de ser independiente, y aprendió que el Dios al que empezaba a llamar padre intimo, y que percibía desde dentro, le dejaba solo y libre en las tareas humanas, no le daba de comer como incluso hizo con el pueblo en el desierto, ni de beber, ni resolvía las necesidades de cada día, sino que eso había de ser la tarea de los hombres actuando en función del espíritu interior.

    Otra fase de su aprendizaje en soledad fue la comprensión de la clave de su vida, que suponía la aceptación no solo del desequilibrio inherente de toda la existencia, lo que producía la tensión dramática de la vida, sino la propia naturaleza especial de los que deciden seguir los designios del espíritu, pues al proclamar la buena nueva de la renovación de las relaciones humanas y de las relaciones de los hombres con Dios dentro y fuera de ellos mismos, suponía una denuncia de las condiciones injustas de opresión que ejercían los poderosos, tanto religiosos como del orden temporal. Por ello significaba un camino de sufrimiento y entrega, un camino de denuncia y riesgo, que implicaba ser perseguido, no aceptado y poner en riego el conjunto de la existencia. El lo expresaría después cuando dijera: “bienaventurados seréis cuando os insulten, os persigan y os calumnien de cualquier modo por causa mía…”. El sintió en el silencio el peso de su mensaje y la consecuencia dolorosa del mismo. Ahí encontró su fragilidad. Ahí encontró su espíritu de entrega y sacrificio.

    También comprendió Yeoshua como el nuevo mundo que se le abría dentro era un mundo en que había que pasar por la renuncia al poder y el control sobre otros. Vio su misión profética como una misión de servicio, de cambio radical de la forma de relacionarse uno con otro, sobre condiciones de igualdad, de donación y de justicia, por ello concretó su rechazo a la imposición violenta del nuevo mundo, y su proclama de una actitud de servicio al lado de los que mas lo necesitaban.

    El corazón de mi hermano cantó de alegría al percibir la presencia del espíritu divino en todas las cosas, sintió radiante como se manifestaba en cada momento, en cada gesto pequeño, en cada actitud vital, y ello le permitió ver directamente cual era el origen de la transformación, una intervención decisiva, permanente, de lo divino en cada momento , que hacia sentir el hogar en cada corazón humano, en cada instante de la existencia. Bailaba y cantaba con los pájaros de la orilla del Jordan, con los pequeños animales del desierto, con las nubes y las arenas interminables. Su vida se volvió un poema de amor que supo podía transmitir como un grito de esperanza. En esto se le mostró la diferencia principal con el mensaje de Juan. Como él, consideraba necesario un cambio del corazón, como Yeoshua lo experimentó en si mismo; pero este cambio era ya accesible a todos, y estaba ya actuando, estaba presente aquí y ahora. No era algo del futuro, no era algo del fin de los tiempos. Este cambio, a diferencia de Juan, era el que habría de crear el nuevo tiempo. Con él terminaría el sufrimiento. Con él se resolverían las penalidades. A través de él el espíritu divino se manifestaría desde cada persona, desde cada grupo, y esto cambiaria las condiciones de la sociedad creando un mundo diferente. No había pues que alejarse de la vida, sino ir al meollo de la vida y celebrarla, transformarla desde dentro. Esto es lo que aprendió y realizó Yeoshua en el silencio.

    Cuando volvió de este tiempo de desierto siguió algunas semanas al lado de Juan, bautizando y predicando, pero su lenguaje empezó a ser diferente, despertando algunos recelos en el entorno de Juan. Cuando de forma abrupta, Juan fue detenido, y se produjo al diáspora entre ellos, Yeshua considero llegado el tiempo, y se volvió a Galilea buscando a Mariham, a la que comunicó en primer lugar la buena nueva: Que el Reino ya había llegado a él y que estaba ya apareciendo en ella. Igualmente comenzó a hacer próximos a varios de nosotros y de nosotras, como los que habían de acompañarle en la proclamación de su evangelio. Yo, que en un principio le rechace y le tilde de loco junto con mis hermanos y hermanas, hoy doy testimonio de cómo en esos meses se labró en el corazón del Maestro, mi hermano, la apertura de la puerta que nos permite caminar a todos nosotros… y de cómo con su vida y ejemplo, conquistó mi corazón.

    El descubrimiento de la misión de Yeoshua, se dio en el silencio y en la oscuridad, con el mismo esfuerzo humano y la misma incertidumbre que afrontan los místicos de todos los tiempos su noche oscura, su crecimiento espiritual. Su punto de partida, que se convirtió en el centro de su mensaje, es sentir la proximidad de lo divino, hasta identificarse con El Padre, en una experiencia unitiva, de la que su inmersión bautismal en el Jordán es el símbolo de iluminación y despertar a su ministerio. Todo su mensaje fue a partir de ese momento el resultado de un dialogo unitivo en su interior, al que se retiraba en cuanto podía, pero desde el que se integraba consecuentemente en la vida ordinaria. Fue por tanto un perfecto contemplativo en la acción.

    Yeoshua fue Mesías, en cuanto proclamador de la intervención de Dios, pero no Mesías usurpador ni Mesías redentor. Su mesianismo no fue providente, en el sentido de defender una intervención mágica de Dios que solucionaría los problemas humanos. Tampoco fue un mesianismo esotérico, que sustituyera el camino humano por una intervención celestial, sino que fue un mesianismo humilde de entrega y aceptación del sufrimiento que suponen los caminos humanos, acompañado de aceptación de la vulnerabilidad y la incertidumbre. Y por ultimo tampoco fue un mesianismo basado en el poder, ni político, ni religioso, ni extrahumano, sino que fue un mesianismo de servicio, y de dedicación. Con ello, con la forma como actuaba, expresó de la mejor manera las cualidades del Espíritu divino que predicaba y al que llamo Padre, y que situó dentro de todos nosotros. Esta es la interpretación mas adecuada del episodio de las tentaciones, que es una expresión simbólica de su misión según la entendían quienes le siguieron.

    No me resisto a realizar un paralelismo del proceso de transformación que sufrió el Buda y Yeshua, si bien soy consciente de que la interpretación es subjetiva y de que no es comprensible si se aíslan los personajes de su contexto. El Buda partió en su proceso de descubrimiento y trabajo personal, del intento de comprender el sufrimiento humano. Yeshua partió de la contemplación de las penalidades y la opresión en que vivían sus vecinos. A ambos esta toma de conciencia les hizo pasar “del hogar al sin-hogar” Ambos vivieron a continuación su noche oscura, su tiempo de búsqueda y de descubrimiento personal, representado en el Buda en su vida entre los ascetas, y en Yeshua en su tiempo de desierto. Ambos descubrieron el camino para la unión-comprensión de la raíz de la existencia, a través del “Camino Medio” y a través de la comprensión de la intervención divina dentro de todos los seres. Ambos simbolizaron este momento crucial con su inmersión en una corriente de agua (Ganges y Jordán). Ambos tuvieron posteriormente que madurar su comprensión, hasta alcanzar el máximo nivel de conciencia abierto a los seres humanos, con una conciencia unitiva que les permitió contemplar la vida en su conjunto. El Buda definió el camino para el fin del sufrimiento , a través de la superación del apego. Yeshua lo manifesto a través del rechazo a las riquezas y el apego a las mismas, en una vida de compartir y de considerar a todos parte de la misma casa. El dijo a los que querían seguirle: “Ve y vende cuanto tienes. Dáselo a los pobres, y entonces sígueme” Vender todo lo que uno tiene es no estar apegado a nada y no tener posesión exclusiva. Es compartir y vivir desde el nosotros. Vivir desde el amor. Veremos esto mas despacio a continuación. Es apasionante contemplar como el camino que expresa el Dharma del Buda y la Buena nueva de Yeoshua en esencia es el mismo

    ¿Cuál es pues la propuesta de Yehoshua a todos nosotros? ¿cuál es la conversión a la que nos llama?.

    El punto de partida de todos nosotros, como lo fue para él, es la conversión del corazón. La comprensión esencial, desde la experiencia de la realidad. Cualquier acción, ya tenga carácter religioso, espiritual o social, si no parte de esta conversión autentica se convertirá en un camino dogmático, dominado por la mente, y sometido a las conveniencias humanas, no permitiendo el camino para que lo espiritual, lo divino se exprese. Nuestra particular metanoia ha de realizarse desde nosotros mismos. Tanto el Buda como Yeoshua nos estimulan a que hagamos nuestro propio camino, desde la experiencia y la transformación. Y este es el camino místico en el que estamos empeñados. Un signo de la transformación necesaria es abandonar la antigua forma de percibir, comprender y decidir. La irrupción de lo divino en nuestra vida llena los acontecimientos de “signos”, de pulsiones, de revelaciones que se nos hacen comprensibles al mirar lo que ocurre “desde dentro”. Esto nos hace extraños para el mundo y nos permite entender lo que queda oculto. Desde ahí hemos de incorporarnos a la vida, perteneciendo a la comprensión del Reino. Si comprendiendo esto deseamos seguir la llamada del maestro, ser discípulos de Yeoshua, hemos de escuchar sus requerimientos:

    “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? - ¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios es bueno. Ya sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, sustenta a tu padre y a tu madre.

    El le declaro: - Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven:

    Jesús se le quedó mirando y le mostró su amor diciéndole:

    - Una cosa te falta: ve y vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en dios tu riqueza; y anda ven y sígueme”

    Este es un magnifico resumen de los requisitos del discipulado de Yehoshua. Otro mas directo y concreto aun es :

    “El que quiera seguirme, que reniegue de si mismo, cargue con su cruz y entonces me siga; porque el que quiera poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía y de la buena noticia, la salvará”

    Con ello queda claro las exigencias del discipulado al que somos llamados:

    En primer lugar es necesario mantener una vida ética, de bondad, comprometida con hacer el bien y con guiarse por el camino del cuidado amoroso de los seres y las cosas, de uno mismo y de aquello a lo que somos responsables. Vivir en verdad, no dañar a los seres, buscar el bien, proteger al débil, cuidar al que lo necesita.

    En segundo lugar en necesario seguir el camino que lleva a la renuncia de uno mismo. Esto es la renuncia de una vida egóica centrada en el yo. Este camino pasa por perder las posesiones, el rol social que jugamos, los lugares comunes, las posiciones de preeminencia y dominación, las situaciones de poder, e incluso las identificaciones fijas y seguras. Es el camino del no apego, del Annata.

    No es solo un camino de no ego, de renuncia a la posesión y de liberación de lo que nos ata. Es también un camino de compartir (“dáselo a los pobres”). Es conceder el derecho que tienen todos los seres a los bienes, la no propiedad pasa por compartir, por pasar del yo al nosotros, y por tanto de amar al projimo como nos amamos a nosotros mismos.

    Este camino es el ideal de ser nadie para que por fin el Espíritu en toda su capacidad se manifieste. Es un camino de liberación que en palabras del Buda construye el óctuplo camino, y en Palabras de Yeoshua construye el Reino de Dios.

    El discipulado de Yeoshua no es un camino romántico, esotérico o de nueva moda. Es un camino radical en lo contemplativo y en lo social, no abierto para todos, y que pasa por la renuncia y la aceptación de todos como parte de la familia propia. Es una vocación radical, que implica un cambio drástico de la forma de comprender, y supone romper con el individualismo, con el consumo y el deseo de posesión. Implica no separarse de los pobres y los necesitados, dejarse tocar y abusar por ello, romper las normas, entrar en perdida, no defender las fronteras y los limites, y hacerse uno con todos. Implica aceptar ser perseguidos e incomprendidos; implica la aceptación del riesgo y el sufrimiento, coger nuestra cruz propia (no la de Yeoshua, la nuestra, y emprender un camino de anunciadores de una nueva forma de ver y de relacionarse. Con el seguimiento de este camino el mundo se salvaría.

    El discipulado de Yeoshua implica amar de verdad y poner el amor en el centro de nuestro movimiento. Por ello la práctica contemplativa también ha de ser abierta y no cerrada. Ha de incluir el amor sin objeto.

    La llamada al discipulado es una llamada a través de la experiencia (“venid y veréis”) y de hacer el propio camino. Supone abandonar la seguridad, las identificaciones y los lugares comunes. Supone por fin seguir al Maestro en la práctica, que es una práctica de donación d e si mismo en servicio de los hombres, desde el amor. Es este un servicio por la liberación, concreta, real, individual y colectiva del ser humano, y por tanto un servicio profético. Es un cambio radical de los valores humanos, ya que Yeoshua llama a que sus discípulos no tengan medios, ni tan siquiera serán dueños de los elementos básicos para alimentarse, vestirse o cobijarse (entender esto hoy desde la perspectiva radical de no atarse a nada), No ostentarán poder, no dispondrán de riquezas, andarán sin ataduras; serán perseguidos, ultrajados, denigrados y asesinados, como forma de hacer posible el crecimiento, el bien y la plenitud.

    Es por tanto un camino no sencillo y nada alejado de la gente. Es un compromiso radical con el mundo, con los problemas de la gente y un compromiso con su transformación. Pero significa también apostar por la vida, celebrar la vida y paradójicamente hacer uso de los bienes de la tierra, vivir celebrando en alegría la capacidad de dar y recibir, y vivir por tanto rico de todo que viene recibido desde la pertenencia al mundo como hogar de lo divino, como lo divino encarnado


    En el enunciado que sigue he introducido un elemento de ficción, que debe ser considerado aportación subjetiva propia, aunque válida para entender el contexto en que se dieron los hechos. Y concordante con lo que conocemos como histórico

    Aconsejo leer aquí lo que en el trabajo de relectura de “la Nube del No-saber” se indica sobre el tema

  • El Yeoshua Histórico. ¿Cómo recuperar su mensaje?

    Publicado el 21 Marzo 2010 admin No hay comentarios

    ¿Quién era realmente Yeoshua? ¿Cuál fue su mensaje y qué transcendencia tuvo para la evolución del género humano?

    Yeoshua ha sido secuestrado para nuestra visión, habiendo llegado a nosotros una teología tal y como la vivieron y la recrearon en función de sus necesidades apostólicas la primera y segunda generación de discípulos, y particularmente los acontecimientos que ocurrieron hasta el siglo IV en que la religión naciente se convirtió en una religión de estado.

    Hoy sabemos que una parte muy importante de lo que hemos recibido escrito en los evangelios canónicos es una reelaboración en función de necesidades teológicas y no corresponde a la verdad histórica. La forma en la concebían los redactores de estos evangelios la historia es diferente a la nuestra, y no tenían problemas en poner en boca de Jesús lo que ellos creían como verdad religiosa. Los evangelios fueron escritos varias décadas después de que ocurrieran los hechos y muchos autores valoran que hasta el 78% de lo que refieren no corresponde a la verdad histórica, y son reinterpretaciones que no necesariamente corresponden tampoco al espíritu.

    Marcos escribía para los conversos de Roma entre los años 60 y 70, y su intención fue fundamentar las tesis del cristianismo jerárquico (paulino naciente) sin entrar en conflicto con la cultura romana. Presenta un Jesús con una experiencia extraordinaria a partir del bautismo de Juan, pero explicada en términos más humanos que los demás evangelios. Por motivos políticos acusa al pueblo judío de la muerte de Jesús e intenta excusar a los romanos

    Mateo escribe para los judíos conversos de habla griega, por lo que su objeto es demostrar como Jesús cumplió con las promesas que le reivindican como el Mesías que había de venir. Sus tesis son antipaulinas, y se esfuerza en demostrar el cumplimiento de la Torah. En relación con la muerte de Jesús actúa de forma similar a Marcos

    Lucas, que se presenta como historiador, realmente es un apologista de la teología paulina en su doble obra, el evangelio y los Hechos, escritos para los cristianos de habla griega no judíos. Lucas recalca mas la teología de la glorificación y resurrección frente a la teología paulina del sacrifico redentor de Pablo.

    El evangelio de Lucas y el de Mateo, posterior al de Marcos en al menos 20 años, recoge este como fuente, con algunas variaciones, y además recogen una fuente común , previsiblemente escrita en torno al año 50, que se ha mencionado como fuente Q, y que es un evangelio de dichos, no cronológico, y por tanto previsiblemente la fuente más antigua que en su casi totalidad ha podido ser reconstruida, y escrita en fecha similar al escrito cristiano más antiguo, la carta a los Tesalonicenses de Pablo.

    En el hallazgo de Hag Hamadi, en que se encontraron en 1945 hasta 1100 rollos de pergamino correspondientes a copias de evangelios escritos en copto, sobresale el evangelio de Tomas, que puede homologarse como evangelio de dichos a la fuente Q.

    El evangelio de Juan, escrito en Siria como ultimo evangelio entre los canónicos, en torno al año 100-110, es el de mayor elaboración teológica de los cuatro, y tiene cierta influencia gnóstica
    Existieron hasta un total de 180 escritos evangélicos, cada uno con diferentes influencias, que convivieron durante el siglo I y II, hasta que a partir de Ireneo a finales del siglo II, la fracción jerárquica del cristianismo, dominante sobre las demás, seleccionó los cuatro conocidos como canónicos a los que consideró verdaderos en toda su extensión, mientras condenó y mandó destruir el resto, proceso que quedó culminado a partir del siglo IV.

    Son dignas de mención durante este proceso la secta de los Nazarenos, liderada por Santiago, el hermano de Jesús hasta su muerte en el año 62, las diferentes sectas de influencia gnóstica, valentinianos, carpocracianos y otros,  en las que hay que inscribir la influencia de Tomas, de Felipe y otros, y la secta jerárquica, liderada por Pablo, a la que se adscribió posteriormente Pedro, que acabó dominante, prohibió las demás, desarrolló el proceso dogmático de la Iglesia, y escribió el primer catecismo cristiano, o “doctrina de los 12 apostoles”, Didajé o Didaché, además de fijar la teología paulina recogida en las cartas de Pablo de Tarso.

    ¿Cómo encontrar en medio de esto la historia perdida? ¿Cómo reconocer al maestro original? Este es el resultado de un proceso de búsqueda del Jesús histórico que ha tenido varios periodos en los últimos tres siglos (Wikipedia):

    La antigua búsqueda (First Quest) Este periodo se extiende de 1778 hasta 1953. Se considera que la obra de Hermann Samuel Reimarus, publicada póstumamente en 1778 por su discípulo Gotthold Ephraim Lessing (Von dem Zwecke Jesu und seiner Jünge, Berlin 1778), es la que marca el comienzo de la Antigua búsqueda del Jesús histórico. Este periodo está protagonizado por la teología protestante alemana y por el racionalismo ilustrado alemán.

    La nueva búsqueda (Second Quest) surge como reacción al escepticismo promovido por Rudolf Karl Bultmann, que originó un periodo intermedio denominado por algunos autores “no búsqueda” (no quest). Son los propios discípulos de Bultmann los que exponen la importancia de acceder al Jesús de la historia. Proponen no excluir el kerigma de la iglesia primitiva sino precisamente partir de él para intentar retroceder hasta el personaje que lo originó. A diferencia de la antigua búsqueda del Jesús histórico, esta nueva etapa no está protagonizada en exclusiva por los teólogos protestantes alemanes, sino que a ellos se unen teólogos católicos. Es Ernst Käsemann, discípulo de Bultmann, quien establece el inicio de la Nueva búsqueda, en una conferencia dada el 20 de octubre de 1953

    La denominación Tercera búsqueda del Jesús histórico (Third Quest) fue propuesto por Stephen C. Neil y Tom Wright en 1988, aunque se considera que sus planteamientos se venían forjando desde 1965. En esta nueva etapa se rebasan los ámbitos de la filosofía y la teología, dando entrada a numerosos estudios de diversos campos: sociología, psicología, historiografía, arqueología, etc. Este periodo es en el que nos encontramos ahora.

    El problema de la búsqueda histórica es que al suprimir la interpretación teológica, el historiador no logra ver a Yeoshua desde dentro, sino desde fuera, a través de la interpretación cognitiva de los hechos, y por tanto corre el peligro de racionalizar el mensaje. Otro problema son las proyecciones estereotipadas de los propios autores que han dado lugar a perfiles parciales de Jesús, como maestro de sabiduría, profeta itinerante cínico, reformador social, mesías espiritual, profeta escatológico, etc. cayendo en cierta manera en los errores que atribuyen a la tradición teológica.

    Por tanto es difícil guiarse en este escenario borroso, en el que el mensaje debiera aparecer claro. Por un lado hemos de considerar aportaciones teológicas las aportaciones post-pascuales al mensaje original, interpretándolos en el mejor de los casos como los impactos que el mensaje de Jesús tuvo en la primera y segunda generación de sus seguidores tras su muerte, pero no como el mensaje original de Jesús. En segundo lugar deberemos quedarnos con lo que supone un cierto consenso, relativo, sobre lo que probablemente Jesús dijo e hizo, y por último tratar por nuestra parte de ver la historia desde dentro, desde como él mismo la vivió, en su contexto e intenciones, qué sintió y qué vivió. Con ello empieza a surgir una imagen, que puede ser también la proyección de nuestras creencias actuales, pero que entendemos que si corresponde a  un proceso que ha resultado universal en los grandes mensajeros que realizaron su recorrido humano hasta una conciencia unitiva. Este es el resultado, en el que no realizaré análisis exegético, ni discusión académica, sino que mostraré la síntesis a la que yo he llegado, que puede o no ser aceptada.

    El primer proceso, vaciar a Yeoshua de la teología cristiana, es dramático, ya que significa que debemos dejar aparte todo aquello que fue la interpretación diversa de siglos posteriores. Es necesario tener en cuenta que de lo que quiero desnudar la figura del maestro es de la interpretación del cristianismo paulino, que se impuso sobre otras y no siempre de forma pacífica. Por ello esto significa que ponemos en tela de juicio la divinización de Yeoshua como Cristo redentor, la segunda persona de la Trinidad, preexistente en su naturaleza divina antes de su condición humana, hijo unigénito del padre, y de naturaleza divina diferente y separada al resto de los seres humanos. También ponemos en cuestión el mensaje de Cristo como el mesías doliente, cuya función en la tierra es redimir al género humano de sus pecados a través de su sacrificio en la cruz, voluntariamente aceptado y predicho. Tampoco aceptamos que Jesús vino a establecer un nuevo camino de salvación, único verdadero, que viene identificado por el bautismo cristiano y la adscripción a la Iglesia que se defiende que fundó originalmente, aceptando plenamente sus dogmas y su infalibilidad en asuntos de fe. Por tanto esto significa dejar en cuestión el Credo de los apóstoles y situarnos al margen de la interpretación ortodoxa de la fe cristiana.

    Con qué nos quedamos al hacer este salto. Nos aparece un hombre extraordinario, que reaccionó a su medio en función de una profunda conversión interior, que alcanzo un nivel avanzado de conciencia, y nos dio ejemplo de vida, como profeta de transformación de las condiciones de vida de su tiempo. Pero no es una figura atemporal o transtemporal. Es la historia de una aventura humana, que partiendo del mismo lugar que todos nosotros, se convirtió en historia divina, a través de sus decisiones vitales. Está es su historia:

    Jesús o Yeoshua (Joshua), fue un hombre nacido en Nazaret entre el año 6 al 4 anterior a nuestra era, en el seno de una sociedad rural, formada por las aldeas desperdigadas en torno al llamado Mar de Galilea, y de una familia humilde sin medios económicos consistentes, cuyos miembros se empleaban como artesanos o “arregladores”, en las tareas domesticas o en el campo.

    Este origen contrasta con lo que hemos aprendido de la teoría oficial sobre él. Su madre, Miriam, desposada con Josef,  era una judía humilde y devota fiel a las tradiciones, que tuvo ocho hijos, siendo Yeoshua el primogénito, con cuatro hermanos varones, Santiago, José, Simón Y Judas y tres hermanas. Ni su madre era virgen, dejando aparte el aspecto espiritual o simbolico, ni él nació en la ciudad de David, Belén, sino en un poblado pequeño desconocido en las escrituras previas, Nazaret, en la encrucijada de la ruta comercial mediterránea, cercana a Seforis y Tiberiades, ni su nacimiento fue anunciado por ángeles o pastores, ni recibió visita de magos de oriente. Su origen fue humilde y oscuro, su familia fue tradicional y judía, viviendo en la Galilea rural, en el que los cruces de pueblos eran frecuentes, y el carácter rebelde y libertario frente a la dominación romana encontró su cuna.

    Como judíos, practicaban devotamente y participaban de las esperanzas mesiánicas de su pueblo, que a algunos de sus coetáneos les había llevado a optar por movimientos de rebeldía violentos contra el invasor romano, incorporándose a la secta de los zelotas, y a unos pocos a refugiarse en el desierto, en espera de la llegada del Mesías. Jesús participaba de estas esperanzas, y tenía los ojos bien abiertos a las condiciones de vida de de las gentes de los pueblos y villas de su entorno.

    Sabiendo que la esperanza de vida en aquel tiempo era en torno a los 45 – 50 años, Yeoshua pasó la mayor parte de su vida en forma oscura y sin distinción. ¿Qué pasó en esos largos años? Lo normal es que estuviera atado a las tareas manuales, fuera un artesano que se empleaba en las poblaciones cercanas, incluyendo la reconstrucción de Seforis (destruida por los romanos cuando Jesús tenía tres años), viviera las penurias de los braceros, los trabajadores del campo, y las condiciones de la población humilde de la Galilea rural. Es posible que como primogénito recibiera alguna instrucción especial sobre las escrituras, y que supiera leer y hablar no solo el arameo natal, sino el hebreo, al menos de forma primitiva, aunque él se expresaba en arameo

    Las costumbres judías eran terminantes en favorecer el matrimonio y la creación de familia entre los 18 y 20 años de los judíos varones, hasta el punto de decir que quien no siguiera ese camino “no merece ser llamado hombre”. Por tanto lo normal es que Yeoshua se casará a esa edad, aunque no existen datos en absoluto. Si hemos de seguir los textos apócrifos (Evangelio de Felipe, Pistis Sophia, evangelio de Maria Magdalena) y lo que se intuye en los canónicos, mantenía una relación especial con Mariam, que era de compañera o esposa.

    Yeoshua vivió la pobreza de su pueblo, sintió la esperanza mesiánica, y rezo mucho tiempo por la venida del Mesías. Por su comportamiento posterior intuimos que tenía inquietud en su corazón, y deseaba contribuir a solucionar el estado de opresión y miseria en que los romanos y la aristocracia local sometían al pueblo. Este sentimiento debió ir creciendo lentamente dentro de él, aunque se manifestó tardíamente. Solo dio el paso que le llevo a la transformación, cuando ya era hombre maduro para los estándares sociológicos de entonces.

    Con edad en torno a los 30 años, oyó hablar de Juan El Bautista, que predicaba la conversión y el bautismo, como forma de preparar el camino a Quien había de venir, siguiendo la profecía del profeta Malaquias, “Mirad, yo envío mi mensajero a preparar el camino delante de mí” (Malq 3,1). Decidió entonces abandonar la casa familiar, y siguió durante algún tiempo los caminos de Juan, del que recibió el Bautismo, en el rio Jordán. Fue discípulo de Juan durante un tiempo, bautizando el mismo y siguiendo lo que Juan predicaba. El pueblo debía hacer penitencia y conseguir el perdón, reconstruir la alianza con Dios y entra de nuevo renovado en la tierra prometida. El mensaje era escatológico e indicaba un nuevo tiempo que habría de venir en el futuro, en un nuevo forma de vivir bajo la justicia y la paz del Reino de Dios.

    Sin embargo, pronto se separó de El y formo su propio grupo de seguidores, y en vez de quedarse en el desierto, llevando una vida de penitencia y de depuración, se mezcló con la gente, y comenzó a predicar entre las aldeas del lago, rehuyendo expresamente los ambientes urbanos de las cercanías, de Séforis y Tiberiades. El mensaje de Yeoshua se distinguió por la inmediatez de la venida del Reino, y por superar el tiempo de penitencia y búsqueda del perdón por la celebración del nuevo tiempo, por salir del desierto y habitar la tierra, participando de la vida del pueblo y realizar la transformación desde ella
    Durante su estancia en el Jordán y su ayuno en el desierto, experimentó una transformación espiritual intensa, que le hizo sentir el aliento de Dios en su interior, y que le lleno de pasión por el Reino de Dios.

    Profundamente influido por el mensaje de transformación y conversión que predicaba Juan, lo transformó con el anuncio de que “el Reino de Dios está ya aquí”. Su declaración es fruto de una profunda vivencia interior. Esta transformación fue experiencial y no teórica,  descubriendo su unidad intrínseca con lo divino, de igual manera que la vio en el seno de todos los seres vivientes. El meollo de su mensaje y su forma de vida se basaba en este cambio fundamental, que le llevó a abandonar definitivamente su casa y a situar el centro de su actividad en Cafarnaúm, un pueblo bastante mayor que Nazaret y en una posición muy favorable para acceder como predicador ambulante a las poblaciones cercanas. Así pues, todo el mensaje de Jesús parte de una profunda transformación personal, y conversión del corazón que se produjo en este tiempo. La radicalidad y la frescura de su mensaje, permite intuir un profundo proceso interior que marca un antes y un después a partir del desierto

    Su mensaje y su dedicación eran expresamente dirigidos a los pobres y marginados, rompiendo frontalmente con la orientación de intereses de casta de los fariseos, y de la búsqueda del poder de los saduceos o los herodianos. Fue un líder profundamente popular. Era un  profeta cuya misión iba dirigida a la liberación de los pobres de Galilea, con la recuperación del espíritu de la ley y la alianza con Dios. Donde Juan sobrecogía con su diagnostico radical y la necesidad de disciplina y penitencia para la conversión, Yeoshua seducía sobre la figura divina como un Padre misericordioso que provee por todos, incluyendo los más pequeños.  Conscientemente buscó y defendió a los marginados de la sociedad, los pobres del campo, los humildes, los pecadores. Se le veía rodeado de publicanos y prostitutas, de vagabundos y maleantes; abrazaba y bendecía a los niños y tocaba y se acercaba a los leprosos. Se dirigía al pueblo llano con bellas parábolas, basadas en las costumbres de la gente sencilla del campo. Hablaba en un lenguaje profundo que todos entendían, directo y con la intención de llegar al corazón. Hablaba con autoridad por sí mismo, como el que conoce desde la evidencia. Sus palabras eran coherentes con sus actos, llenos de amor y compasión.

    Yeoshua descubrió el espíritu de la Torah y anunció su cumplimiento completo, pero rompió con el régimen de normas y condiciones con los que la aristocracia religiosa cargaba al pueblo. No respeto las normas de pureza y limpieza ritual, se mezclo con los que la pureza de los fariseos separaba socialmente, recupero la igualdad de la mujer en la sociedad, no respeto el sábado, ni tuvo en cuenta el Templo como centro de la vida de los judíos. Denunció la opresión del pueblo, y arremetió contra los que le robaban y oprimían. Su mensaje era claro y radical, y se entronca claramente en la visión de los profetas mesiánicos. No es el apaciguador doliente que no se enfrentaba, sino que su propuesta espiritual y social era de un visionario en acción, estableciendo una revolución de las costumbres y las relaciones entre las personas como base de su mensaje.

    El centro de su mensaje era la venida del Reino de Dios, concebido como una nueva sociedad en este tiempo, resultado de la transformación de las condiciones personales y sociales, y que precisaba de un proceso de conversión y revelación que cambiaría el corazón del hombre, comparándolo a un nuevo nacimiento espiritual, por el que valía “vender todo lo que se tenía” para obtenerlo. Comparó el Reino de Dios con una joya escondida, con un campo valioso, con la siembra, con la pesca, con un tesoro escondido, con la levadura, con la ceremonia de la boda, con una comida familiar. Su visión de una transformación individual y social, de origen y contenido espiritual, que permitiría la liberación de la condición humana, le alejó de las pretensiones políticas de lucha armada contra la opresión romana de muchos de sus coetáneos, y de los que pretendían preparar la venida del Mesías con depuraciones rituales y sacrificios. Su visión de la transformación a realizar era interior, y significaba “ver” al Reino de Dios que “ya” estaba en medio de todos y dentro de cada uno. Esta conversión o metanoia, fue interpretada por sus seguidores como la venida del Espíritu de Dios (El Espíritu Santo). Como profeta del Reino, Jesús proponía una conversión de los pecadores, del perdón de las ofensas, del amor a todos, incluyendo a los enemigos, dando un sentido totalmente nuevo a la transformación divina del corazón humano, de forma que se crearan nuevas condiciones para las relaciones sociales, basadas en el amor, la compasión y la justicia.

    Jesús habló poco de sí mismo. No se  nombró a si mismo Mesías aunque a la postre acepto la misión de Mesías espiritual que anunciaba la instauración del Reino divino. No se consideró a sí mismo de naturaleza divina o mensajero desde el seno de Dios. No entró en definiciones filosóficas sobre la ley de Moisés o sobre interpretaciones teológicas, sino que adoptó un lenguaje sencillo que todos entendieran sin pretensiones ni intentos de asumir más autoridad intrínseca que la propia expresión del mensaje, y se dirigió a todos a través de su comportamiento, que era ejemplo de vida, y que fue definitivamente provocador con las costumbres de su tiempo. Acudió con las manos abiertas a todos los que tenían necesidad, y se hizo defensor de todos los que eran agredidos o de los que eran abusados, de los que sufrían por cualquier motivo.

    Como predicador itinerante recorrió los pueblos de Galilea, a veces Judea y otras localidades, como Fenicia y la Decapolis, durante un máximo de tres años. Rompió las costumbres sociales de su tiempo, aceptando a mujeres como discípulas e incluso haciendo a una de ellas, Maria de Magdala, como su primera apóstol. Defendió a los niños, a los débiles y vulnerables, a las viudas y a los marginados; se dedicó a atender a los enfermos y a los que sufrían.  Cuando quiso resumir su mensaje se centró en lo principal: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.  La nueva relación se resume en la parábola del hijo prodigo. Su concepto del amor es práctico, más que palabras es compadecerse del que sufre, perdonar al que nos ofende, ayudar el que necesita, dar de comer y de beber al hambriento y al sediento…

    Fue un sanador y un terapeuta extraordinario. Su poder de sanación procedía de su centro espiritual. Sanaba con sus manos, con su palabra, con su presencia, con su ropa o con su saliva. Emanaba de él una fuerza sanadora. Observó el sufrimiento humano, de cuerpo y espíritu, y se dirigió integralmente a la persona, (“¿qué es más fácil, decir tus pecados te son perdonados o levántate y anda?…). Mostró la compasión por todos como norma de conducta. Allí donde llegaba, sanaba a los enfermos y a los que sufrían por diversos motivos. Evidenciaba sus sanaciones como signos verificadores de su mensaje, si bien se resistió a demostraciones de fuerza o de poder. La superación de la enfermedad y de la penalidad humana era para él signo de los tiempos, de la transformación que se avecinaba. La superación de la opresión del hombre por el hombre, y la búsqueda de una sociedad solidaria con quien tiene necesidad, basada en el amor fraterno, era su punto de partida.

    En el corto periodo de su predicación, atrajo un tremendo interés popular en Galilea, siendo seguido por muchos discípulos y por muchedumbres que acudían a oír su mensaje. Reunió en torno a si un movimiento popular, al que proponía la conversión personal y la renovación de la Ley Mosaica, rompiendo con los ritualismos y basando la vida personal en el perdón y la compasión. Denunció el orden injusto establecido, la imposición de yugos doctrinarios y normas que no transformaban el comportamiento humano hacia la compasión, y predicó una nueva forma de ver las cosas y las relaciones entre los hombres. Su mayor definición fue alcanzada en el discurso del Monte, de las Bienaventuranzas:

    Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
    Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados.
    Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.

    Con ello estableció un horizonte de esperanza para todos los que sufren, y generó una profunda animadversión entre los poderosos. En ese sentido se inscribió en la línea de los profetas de la tradición judaica, y propuso una renovación plena de la Torah, yendo más allá de sus normas; su propuesta fue entendida como la instauración de una forma de vivir más justa y armoniosa entre los hombres,  basada en el amor y en la desaparición de la injusticia y la violencia de unos hombres contra otros.

    Su posición frente a la mujer fue calificada de escandalosa en su tiempo. Consideró a la mujer en igual condiciones de derechos con el hombre, admitiéndolas entre sus íntimos y discípulos. Si bien es muy posible que se mantuviera célibe, manifestó su respeto por la condición femenina y por las relaciones de amor que celebró, y concedió a algunas de sus miembros  un mayor grado de confidencia y de autoridad .

    Una vez aceptó en sí mismo la asunción de ser el Mesías del pueblo, del pueblo pobre y oprimido de Israel puso en marcha el desarrollo de acontecimientos que llevarían a la instauración repentina del Reino de Dios, tanto como revulsivo interior en todas las personas que le oían, como transformación social, que llevaría a una nueva relación de poder, eliminando la opresión de la casta religiosa y la autoridad civil. Esta manifestación mesiánica se inició públicamente con su entrada triunfal en Jerusalén, con la aceptación de su unción en Betania, con sus actos en el Templo, e iba a culminarse en la Pascua con una nueva manifestación que no conocemos. Esta fue abortada con su prendimiento. Su pasión y muerte es el fracaso de su iniciativa, si bien no de su mensaje. La intervención extraordinaria de Dios que Jesús esperaba no se produjo

    Su visión de una nueva alianza entre Dios y los hombres, le generó gran confrontación con la clase religiosa dirigente, a la que acusó de ser ciegos guiando a ciegos. Finalmente entró en crítico conflicto con las autoridades religiosas judías, durante la fiesta de la Pascua en su última subida a Jerusalén. Fue apresado y entregado a la autoridad romana, posiblemente en el 7 del mes de Nisán (Abril), víspera de la Pascua Judía, del año 27 o 28 d.C., que le crucificó como sedicioso. Sus discípulos, aunque inicialmente se dispersaron y huyeron a Galilea, en confusión y desesperación tras su muerte, posteriormente volvieron a Jerusalén predicando públicamente y con gran coraje que “Dios había resucitado a Jesús de entre los muertos” al tercer día.

    Es de gran importancia entender las claves del mensaje de Yeoshua, que no puede ser descontextualizado. Su punto de origen es una transformación interior, que se dio y se alimentó en el silencio, lo que ha de entenderse como un proceso místico que le llevo a una conciencia unitiva con su naturaleza divina, que en el contexto cultural en el que vivía la mencionó como su unidad intrínseca con el Padre. Su transformación no se quedó en un movimiento interior que le convirtió en un Maestro de Sabiduría, sino que le hizo calzar las sandalias del profeta y dirigirse a los pobres de Galilea con un mensaje de liberación y transformación social, dando ejemplo consistente de vida, hasta el punto de una confrontación definitiva con el poder religioso y civil que le costó la vida. Por tanto Yeoshua es el arquetipo del contemplativo en acción.